La imagen es extraña. La mañana del viernes parecía que la decoración de la plaza 24 de Septiembre de Santa Cruz de la Sierra había previsto tres pesebres: uno frente a la catedral, otro a los pies de Warnes y, el más grande, a la salida de la Casa de Gobierno. Las carpas de los huelguistas de hambre que protestan contra la decisión del Tribunal Supremo Electoral de aceptar la inscripción de Evo Morales y Álvaro García Linera para las elecciones primarias de enero no han logrado volverse masivas. Comparada con las huelgas de defensa del IDH y de la lucha autonómica, donde la convocatoria del Comité pro Santa Cruz, liderado por el empresario Branko Marinkovic, lograba llenar la plaza durante semanas, la huelga de hambre contra la repostulación luce austera, sin demasiado respaldo.

Es por ello que, según Luis Fernando Camacho, vicepresidente del Comité pro Santa Cruz, se convocará una nueva reunión cívica nacional para definir otras medidas después de Nochebuena. Mientras tanto, el Gobierno, a través del mismo presidente Morales y sus adeptos, critica y pide levantar la medida y los activistas de plataformas ven que no salen mensajes claros desde la cabeza de la protesta.

Camacho está acostado en un doble colchón de la carpa más cercana a la calle Junín y les cuenta a otros huelguistas que debe tener cuidado porque sufre de hipotiroidismo. Está de buen ánimo, lleva un día en ayuno voluntario y se prepara para encarar una campaña electoral que probablemente lo lleve a la presidencia del Comité Cívico en febrero próximo. “He aclarado que estoy aquí como ciudadano, no como vicepresidente”, dice.

Cree que el hecho de que haya menos de 100 personas en huelga es una prueba de que la gente tiene miedo. Dice que el ayuno es la forma más dura de demostrar repudio, que es consciente de que al Gobierno no le afecta y que si no ha hecho caso al voto del pueblo en el referendo del 21-F, menos va a respetar el clamor de 60 huelguistas.

También desconfía de la efectividad de los paros cívicos, ya que van tres sin que el binomio presidencial se baje de la contienda electoral, pero cree que sí las movilizaciones ha hecho que al menos dos vocales electorales se manifiesten en contra de las elecciones primarias.

“Estaremos aquí hasta que soporte el cuerpo. La idea es pasar Navidad aquí, la noche en la que nace el salvador. Nuestro movimiento es pacífico y basado en fe”, dice Camacho.

A su siniestra está Beto Áñez, presidente de los comités cívicos provinciales, que considera a Evo Morales “un cáncer para la democracia”. Así comienza a describir los motivos para estar en huelga de hambre (pasa por Cuba, Venezuela y Nicaragua, además de La Asunta, La Calancha y Cochabamba). Cuando se le pregunta por qué, pese a lo que describe, la población no se vuelca a las plazas, Añez dice: “No sé, la gente está muy cómoda. Hay que pedirle que se sacrifique. Si vamos a nuestras casas, miremos a nuestros hijos, yo no quiero que mi nieto estudie con un cuaderno con la cara de Evo Morales. Lo único que sé es que jamás el puño en alto le va a ganar a la señal de la cruz”, dice.

Camacho tiene sentimientos agridulces. Sabe que “ni los paros, ni las huelgas ni las marchas van a doblegarlos (a Evo Morales y a Álvaro García Linera), pero está convencido de que todo suma, por eso cree urgente una nueva reunión cívica para reevaluar las estrategias. “Hay que evaluar fuerzas. Hay ciudades que han tenido 60 huelguistas, en otras ha habido tres, en otras, seis. Cada dirigente debe asumir su realidad de cómo le fue y, en ese sentido, definir nuevas medidas”, dijo.

Mientras eso no sucede, desde las filas del Movimiento Al Socialismo les llegan sugerencias y críticas. Que suspendan las huelgas y vuelvan en 2019 con nuevas ideas, les dijo Édgar Montaño, diputado oficialista. García Linera, por su parte, les dice: “Vamos a elecciones, no le tengan miedo al voto”, pese a que los huelguistas reclaman justamente el respeto al voto emitido el 21 de febrero de 2016, que cerró la posibilidad de modificar la Constitución para permitir una nueva reelección a él y Morales.

La otra vereda

Para llegar al origen de la huelga de hambre en Santa Cruz, hay que cruzarse la plaza hasta la vereda de la catedral. Allí, detrás de un ataúd cubierto con frases contra el Gobierno y citas bíblicas, está la carpa del Movimiento 21-F, grupo político que propone a Víctor Hugo Cárdenas como candidato a la Presidencia.

Humberto Peinado es su compañero de fórmula y el piquete, entre relevos, suma 17 días de huelga. Peinado es optimista, cree que de cuatro huelguistas lograron masificar la protesta hasta sumar 100 en siete departamentos, que se ha logrado “contagiar el espíritu de defender la democracia con acciones no violentas”.

“No tenemos que perder la esperanza de que los buenos vamos a vencer al mal”, dice el abogado, político y pastor evangélico.

Pese a que en 17 días no se ha logrado masificar la huelga, Peinado cree que ha habido un efecto multiplicador y que ha tenido hitos como una entrevista que le hicieron desde Atlanta para la cadena CNN. Dice que hoy los ojos del mundo están puestos sobre Bolivia y, en parte, gracias a estas huelgas de hambre.

Cuando se le pregunta por qué un grupo está de un lado de la plaza, mientras que otro ayuna del otro lado, Peinado reconoce que no ha hablado la gente del comité y que el presidente cívico, Fernando Cuéllar, no se ha acercado a su carpa ni a saludar.

Cuando se le pregunta cuáles deberían ser las acciones a seguir, Peinado cree que hay que sostener la huelga de hambre hasta cuando se pueda y complementarla con otras como bocinazos en defensa de la democracia y nuevas movilizaciones.

Es partidario de avanzar hacia un paro nacional de 48 horas y considera que los empresarios van a apoyar la medida, pese a que tienen encima el pago del doble aguinaldo y las obligaciones impositivas de cierre de gestión.

Desde Cochabamba, Juan Flores, presidente cívico, tampoco se fija mucho en los números de la gente que está en ayuno voluntario. Admite que la idea es que se vuelva masiva, pero lo importante de estas medidas está en lo simbólico, en que la población tome conciencia del problema. Asegura que también ha servido para que varios organismos internacionales se pronuncien sobre la situación de la democracia en Bolivia y que los países vecinos están más atentos a la situación boliviana, porque ya no están con el ‘socialismo del siglo XXI’, sino que ha habido un cambio político.

“No pasará mucho tiempo hasta que seamos miles. Hoy somos cinco, seis, siete, diez… Nadie hace cola para entrar en huelga. Es duro, estamos trabajando para seguir masificando nuestras huelgas de hambre, pero es duro”, dice Flores. Para él, la solución es que el resto de los candidatos presidenciales se plieguen a las huelgas de hambre. “Tienen que definir de qué lado van a estar, si habilitando al binomio del régimen o del lado del pueblo. Tienen que sumarse a la huelga”, dijo. Ese pedido ya lo había hecho el jueves, sin recibir respuestas.

“Estamos a la espera, pero tampoco vamos a esperar mucho. Vamos a ver hasta dónde llega su patriotismo o si solo sirven para pedir el voto del pueblo”, añadió.

Con el paso de los días, cada vez hay menos plataformas ciudadanas que participaron de la campaña por el No en el 21-F que comulgan con estas medidas. María Belén Mendívil, parte de Me comprometo con Bolivia, cree que se ha perdido el objetivo de la lucha, que las veces que el comité convoca a la acción no tiene muy claro por qué lo hace. Dice que en estos momentos no se sabe si la huelga es por el 21-F, por la decisión del Tribunal Supremo Electoral de habilitar a Evo Morales o para que se suspendan las primarias. “No se tiene información, rumbo, y eso nos ha desmotivado a los involucrados”, dice la activista, que cree que la única forma de parar la candidatura de Morales es con un paro indefinido.

Ni Peinado ni ningún dirigente están convencidos de que los empresarios apoyen una medida de ese tamaño. “No tenemos que avanzar de golpe, no es el momento para ir a un paro indefinido. Las elecciones son en octubre”, dice Peinado.

Fuente: eldeber.com.bo

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