Escuchas, espionaje, operaciones encubiertas del FBI, acusaciones cruzadas, intrigas, juegos políticos a tres bandas… La caída en desgracia de Huawei en Estados Unidos tras la firma de la orden presidencial de Trump calificando a la compañía de “adversarios extranjeros” bien podría ser una serie basada en una novela de Jon Le Carré. Una historia cuya trama principal comienza a desarrollarse en el año 2012, a principios de la segunda legislatura de Barack Obama. Sin embargo, los problemas y las sospechas contra la compañía comenzaron mucho antes.

CAPÍTULO I: EL ORIGEN DE HUAWEI A REBUFO DE HONG KONG

Entrado en la cuarentena y tras un lustro de dar tumbos por empleos relacionados con la electrónica después de dejar su trabajo como ingeniero para el Ejército Popular de Liberación Chino, Ren Zhengfei funda Huawei en 1987. Lo hizo con 21.000 yuanes (casi 5.000 euros) y con el objetivo de vender centralitas telefónicas en la ciudad de Shenzhen,una floreciente urbe promovida por el gobierno chino para aprovechar las oportunidades económicas que le brindaba su proximidad con un Hong Kong que, por aquel entonces, seguía en manos inglesas.

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El bueno ojo de Ren para los negocios, la boyante industria tecnológica china y -según sostienen algunos periodistas como el australiano Richard McGregor en su libro The Party: The Secrect World of China’s Communist Rulers– la ayuda y la tutela del gobierno chino convirtieron aquella minúscula inversión inicial en una compañía multimillonaria. En menos de dos décadas, pasó de aprovechar su cercanía al vecino inglés a extender sus enormes tentáculos por los cinco continentes en todos los campos de la tecnología: móviles, tablets, ordenadores, redes de telecomunicaciones, computación en la nube, 5G

CAPÍTULO II: PRIMERAS SOSPECHAS Y ACUSACIONES

Tan pronto como Huawei comenzó a trabajar en mercados extranjeros empezaron las sospechas, las investigaciones y los litigios contra ella, que serán una constante durante más de dos décadas.

Las primera gran polémica de Huawei relacionada con el robo de patentes se remonta al año 2003 cuando Cisco, una empresa de telecomunicaciones norteamericana, abrió un proceso legal en Texas en el que acusaba a la empresa china de infringir sus patentes y copiar el código fuente de en sus routers y otros equipos. Un año después, Huawei accedió a eliminar el código de sus productos. A cambio, Cisco decidió retirar la demanda. Sin embargo, el código propiedad de Cisco estuvo en circulación hasta 2005, según la empresa norteamericana.

El litigio fue vendido por ambas partes como una victoria: Huawei se aseguró de que Cisco no pudiera abrir un nuevo proceso contra ella y Cisco consiguió salvaguardar su propiedad intelectual.

Sin embargo, Cisco recibió durísimas críticas por parte de la prensa China (sometida a censura gubernamental) que dibujó “la imagen de una multinacional que abusaba de su poder” y el daño a la compañía “fue superior al beneficio logrado a través del proceso”, asegura un informe del Consejo Corporativo de la empresa.

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El desarrollo de este primer gran juicio contra Huawei coincide en el tiempo con el primer gran escándalo internacional de la compañíaUna exclusiva del South China Morning Post, uno de los diarios más antiguos y prestigiosos de Hong Kong, revelaba la existencia de un dossier de 12.000 páginas elaborado por Naciones Unidas en el que se señalaba a Huawei como una de las empresas que se saltaron el embargo de venta de tecnología militar de la ONU al régimen de Sadam Hussein en Irak.

Un año después, un empleado de Huawei se vio envuelto en un rocambolesco episodio de espionaje chapucero en el Supercomm Trade Show, una feria celebrada en Chicago. El trabajador de la empresa China se escondió en el recinto, esperó a que la feria estuviese cerrada y comenzó a hacer fotos y dibujar diagramas de equipos de Fujitsu, uno de sus competidores. El espía amateur fue sorprendido con las manos en la masa por un guardia de seguridad que lo retuvo hasta que llegaron las autoridades. El FBI envió cartas a distintas compañías informando de que también podrían haber sido espiadas durante este episodio. Huawei negó cualquier implicación en los hechos y reaccionó despidiendo al empleado. Este es el primer escarceo de Huawei con las fuerzas del orden. Sin embargo, no será el único.

La voz de alarma sobre Huawei en un parlamento se escuchó por primera vez en el año 2006. El Partido Conservador alertó sobre el peligro que supondría para el país que Huawei comprase Marconi, una empresa de telecomunicaciones británica. Este primer aviso no resultó en vano y, cuatro años más tarde, en 2009, el Comité de Inteligencia Conjunta del Gobierno Británico calificó a Huawei como “una potencial amenaza para la seguridad nacional”. La preocupación sobre la empresa de Shenzhen pronto se extendió a otros aliados de la Commonwealth como Australia, Canadá, Nueva Zelanda e India, que comenzaron a introducir legislación y vetos para poner límites a la implantación de Huawei.

A comienzos de la presente década, Huawei protagonizará nuevos culebrones judiciales en dos procesos cruzados con Motorola y ZTE que, tras largos pleitos, encontraron soluciones extrajudiciales con indemnizaciones millonarias.

CAPÍTULO III: LA INVESTIGACIÓN OBAMA

Pese a que la airada retórica y las ínfulas comunicativas del presidente norteamericano, Donald Trump, puedan dar lugar a pensar que él solo ha librado la guerra contra Huawei, lo cierto es que la historia comenzó bajo la administración de su predecesor, Barack Obama, que utilizó poderes presidencialespensados para la lucha contra la Unión Soviética en la Guerra Fría.

A finales de 2011 la administración Obama obligó a las principales telecos norteamericanas a facilitar información confidencial sobre sus redes. Se trataba de un intento por desmantelar las infraestructuras de ciberespionaje chinas. Este hecho llevó al Comité de Inteligencia del Congreso a abrir una investigación en la que participaron representantes de ambos partidos.

Las pesquisas del Congreso norteamericano se prolongaron durante un año y concluyeron con un informe que calificaba a Huawei y ZTE como “una amenaza para la seguridad nacional“.

Este hecho puede entenderse como el pistoletazo de salida de los problemas de Huawei dentro de Estados Unidos.

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A partir de este momento, Huawei comienza a ser excluido sistemáticamente de los concursos públicos para el desarrollo de las redes de telecomunicaciones norteamericanas, especialmente aquellas relacionadas con las infraestructuras calificadas como críticas o de emergencias. Pese a todo, en Huawei aun contaban con gran libertad y margen de maniobra para hacer negocios con empresas, centros universitarios y otras instituciones dentro de Estados Unidos.

Debido a un asunto de seguridad nacional“. Esta coletilla se convertirá en la pesadilla de Huawei en Estados Unidos y perseguirá a la empresa hasta nuestros días.

Sin embargo, cuando meses después la Casa Blanca revisó el informe del Congreso, llegó a una conclusión diferente: no existían evidencias de que Huawei estuviera llevando a cabo labores activas de espionaje en territorio norteamericano. Pese a todo, la administración Obama se encargó de dejar claro que no se fiaba de Huawei y dio continuidad a la política de mantener a la empresa china lo más lejos posible de sus infraestructuras críticas utilizando la coletilla de la “seguridad nacional“.

El desmentido de la Casa Blanca al Congreso contribuyó a apuntalar la línea de defensa argumental de Huawei contra las acusaciones de potencias occidentales. Una estrategia que se ha basado en tres pilares básicos “no existen pruebas” que demuestren el espionaje de Huawei a potencias extranjeras (algo que no ha podido demostrarse de manera indebatible), que Huawei no instala puertas traseras en sus equipos que permitan el acceso de Pekín (y no se ha demostrado en un tribunal, aunque un exdirector de la CIA defendió su existencia) y que “Huawei es una empresa privada“.

CAPITULO IV: ¿QUIÉN ES REALMENTE EL DUEÑO DE HUAWEI?

Sin la protección del Gobierno, Huawei no estaría viva“. Esta frase del fundador de Huawei, Ren Zhenfei, pronunciada en el año 2012 sintetiza a la perfección una de las principales preocupaciones de Estados Unidos y los gobiernos occidentales.

Tras el liderazgo de Huawei en el sector de infraestructuras de telecomunicaciones, EEUU siempre ha sospechado que la empresa opera como un brazo tecnológico del gobierno de Pekín.

“No podemos olvidar que estos sistemas están diseñados de forma expresa junto con el Ejército Chino“, ha asegurado el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, en reiteradas ocasiones.

Pero, ¿Es Huawei una empresa privada, como ellos dicen? ¿Quién es realmente el dueño de Huawei?

Huawei afirma que es una empresa propiedad de sus empleados. La firma china sostiene que el 98,99% de la compañía se encuentra en manos del 61% de los empleados -con nacionalidad china- organizados en los denominados “comités sindicales”. Estos asalariados reciben sus acciones cuando entran a trabajar. Se trata, sin embargo, de participaciones que no pueden comprar o vender y que la empresa les recompra cuando su relación laboral cesa. Mientras tanto, el 1,01% del accionariado se encontraría en manos de su fundador.

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Sin embargo, un estudio publicado hace menos de un mes por la George Washington University y la Fullbright University Vietnam sostiene que la teórica propiedad (como afirma Huawei) de los comités sindicales -que en China se encuentran controlados por el Partido Comunista- son una técnica para enmascarar que, en realidad, el dueño de Huawei es el Estado Chino y que las “acciones” no funcionarían en realidad como “un acuerdo contractual para el reparto de beneficios”.

Tras su publicación, Huawei se apresuró a desmentir las afirmaciones de los académicos a través del secretario jefe de su junta empresarial: “El estudio se ve empañado por una comprensión incompleta de la políticas corporativas de Huawei y un conocimiento limitado de su estructura de propiedad“.

Pese a la opacidad existente en lo que respecta a la propiedad de Huawei, existen distintos informes que demuestran los empujones financieros que ha la empresa ha recibido por parte del Banco de Desarrollo Chino -una entidad financiera de propiedad estatal- que, según el presidente del Banco de Importaciones y Exportaciones de Estados Unidos, Fred Hochberg, habrían ayudado al rápido despegue chino en el extranjero. Una afirmación que la empresa ha calificado como “incorrecta” pese a reconocer haber recibido créditosde este organismo de financiación de su país.

CAPÍTULO V: HUAWEI Y LA GUERRA DE PRECIOS

Calidad a precios competitivos y practicas comerciales agresivas. Esta es la estrategia elegida por Huawei para su expansión en mercados extranjeros y que tan buenos resultados le ha dado de cara a la implantación de las redes 4G y posteriormente con el actual despliegue del 5G, un sector en el que ostenta un indiscutible liderazgo y que es la razón de fondo del veto presidencial de Donald Trump.

Los bajos precios de las infraestructuras de telecomunicaciones de Huawei le han costado distintos toques de atención -desde la Unión Europea hasta la India- llegando a ser acusada de dumping – una práctica comercial que consiste en vender un producto o servicio por debajo de su precio normal (y en ocasiones por debajo de su coste de producción) para ir eliminando las empresas competidoras y apoderarse finalmente del mercado– gracias a las subvenciones del gobierno chino.

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La reacción más contundente en este sentido vino del gobierno de la India -que ya había tenido fricciones con Huawei- en el año 2016, cuando concluyó que los equipos de telecomunicaciones chinos estaban llevando a cabo prácticas de dumping que perjudicaban a sus empresas nacionales. Fue entonces cuando la mayor democracia del mundo decidió crear unos impuestos especiales para los equipos importados de China con un gravamen del 37,73% para Huawei.

Más tibia fue la reacción de la Unión Europea en el año 2013. La UE afirmó que Huawei y ZTE vulneraban la normativa europea anti-subsidios y antidumping. Una declaración a la que Huawei respondió afirmando “jugar limpio” y que no tuvo ninguna consecuencia real para el gigante chino más allá de un toque de atención.

Las estrategias de captación de clientes de Huawei también se han encontrado en el ojo del huracán de la opinión pública. En este sentido, uno de los documentos más contundentes sobre sus prácticas empresariales fue un paperelaborado por el Instituto de Estudios Estratégicos del Ejército de Estados Unidos.

“Parte del éxito de Huawei y ZTE en su expansión internacional se debe a su enfoque agresivo a la hora de hacer negocios. En Argentina, su estilo se ha descrito como implacable. Son conocidos por sobornar y atrapar a los clientes. Ofrecen viajes con todos los gastos pagados a China a sus clientes y potenciales clientes argentinos. Antes de su llegada, se alega que se presentan con un sobre con dinero en efectivo. El analista del sector Carlos Blanco cuenta un caso conocido donde, tras un día en la costa, los chinos dejaron las fotos que habían tomado a sus invitados en las habitaciones de sus hoteles. Según Blanco, este comportamiento hizo fruncir el ceño de los empresarios argentinos y fue visto como una forma de extorsión. Blanco considera a Huawei como la más implacable de las dos empresas y explica que Huawei es conocido por sus astutas tácticas para convencer a sus clientes“, asegura el informe norteamericano.

CAPÍTULO VI: UNA NUEVA INVESTIGACIÓN EN EEUU

A comienzos de 2018, cuando Verizon y AT&T (dos de las principales teleoperadoras de EEUU) anunciaron que comercializarían móviles Huawei, la Comisión Federal de Telecomunicaciones (FCC) anunció una nueva investigación sobre la firma china. Paralelamente, el Ejecutivo de Trump comenzó a presionar a las telecos y éstas optaron por abortar sus acuerdos con Huawei.

Este hecho podría calificarse como el pistoletazo de salida de la nueva ofensiva de Estados Unidos contra Huawei que culminará con la firma de la orden presidencial de Donald Trump.

Un mes después de la iniciativa dela FFC, los responsables de las seis principales agencias de inteligencia de Estados Unidos declararon ante el Comité de Inteligencia del Senado y recomendaron no utilizar móviles de Huawei.

El director del FBI, Chris Wray, manifestó estar “profundamente preocupado por los riesgos de permitir que cualquier compañía o ente que se encuentre sostenido por gobiernos extranjeros que no comparten nuestros valores ganen posiciones de poder dentro de la red de telecomunicaciones” ya que “Huawei tendría la capacidad de forma maliciosa para modificar o robar información, así como para proveer de la capacidad para llevar a cabo un espionaje que no puede ser detectado“.

Una maniobra a la que Huawei respondió que su empresa no presenta “un mayor riesgo para la ciberseguridad que cualquier otro proveedor de tecnologías de información y comunicación”.

Con un clima propicio en la opinión pública norteamericana, el gobierno de Trump maniobró de nuevo rápidamente a través de la FCC (en la que cuenta con mayoría) y en el mes de abril de 2018 promovió una normativa (que sacó adelante sin votos en contra) para prohibir las subvenciones públicas a las empresas norteamericanas que compren equipos de telecomunicaciones que supongan un riesgo para la seguridad nacional y en cuyo borrador se hacía mención específica a Huawei y ZTE.

Poco tiempo después, el presidente Trump firmó la National Defense Authorization Act de 2019, que contemplaba un veto provisional a la compra de equipos de Huawei y ZTE por parte del gobierno de Estados Unidos. Una acción que, en realidad, se trataba de una mera formalidad ya que, de facto, el gobierno de Estados Unidos venía practicando esta política desde el segundo mandato de Barack Obama, aunque sentaba las bases para asestar el golpe final contra Huawei.

Llegados a este punto, resulta paradógico que, pese a que Estados Unidos nunca ha logrado demostrar el espionaje de Huawei en su territorio, sí se ha demostrado (a través de los documentos desclasificados por el desertor Edward Snowden) que la NSA espió a Huawei y a su fundador durante los mandatos de George W. Bush y de Barack Obama, además de a millones de ciudadanos en todo el mundo. Habían estado haciendo justo lo mismo de lo que acusaban a Huawei.

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CAPÍTULO VII: OPERACIONES POLICIALES CONTRA HUAWEI

A comienzos de este año, el FBI y Huawei protagonizaron un singular episodio que podría ser objeto de una película policiaca en sí misma. Los agentes federales recibieron una denuncia de una pequeña startup llamada Khan Semiconductors quejándose de los abusos de Huawei sobre una de sus patentes: un cristal para pantallas de móviles seis veces más duro y diez veces más resistente que los que actualmente se utilizan en el mercado.

Al estar fabricadas con nanodiamantes, las pantallas de Kahn Semiconductors cuentan con el status de tecnología militar y los federales comenzaron una operación a escala nacional tirando de laboratorios forenses, escuchas telefónicas y llegando a colocar micrófonos en los empleados de Khan para recopilar pruebas.

Huawei se olió que algo iba mal y no se lo puso nada fácil al FBI que, sin embargo, llegó a demostrar que la pantalla se había enviado a China (algo ilegal al ser considerada tecnología de grado militar) para probar su resistencia disparándola con un láser de 100 kilowatios de potencia, también considerado tecnología de grado militar. La investigación concluyó con el allanamiento federal de las oficinas de Huawei en San Diego.

Sin embargo, este no es el único capítulo en el que empleados de Huawei se han visto recientemente en el centro de investigaciones policiales o procesos judiciales.

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El caso más célebre en este sentido es el de Meng Wanzhou, heredera e hija del fundador de la empresa, sobre la que pesan 13 cargos federales por fraude bancario, un cargo por obstrucción a la justicia y un cargo de apropiación indebida de secretos comerciales. Unas acusaciones, en su mayoría, relacionadas con la vulneración de los embargos comerciales a Irán por parte de Huawei. Meng fue arrestada en Canadá a finales del año 2018 y se encuentra pendiente de extradición a los Estados Unidos.

Huawei reaccionó manteniendo la inocencia de Meng respecto a todos los cargos y el gobierno Chino apoyó a la empresa(como ha hecho en todas las ocasiones) afirmando a través del Ministerio de Comercio e Información que la heredera de Huawei estaba recibiendo un tratamiento “injusto”.

A comienzos de este año, los servicios de inteligencia polacos arrestaron a un empleado chino de Huawei y a un ciudadano polaco que trabajaba para la filial de Orange en el país. Durante la operación, las fuerzas de seguridad polacas registraron las oficinas de ambas empresas.

CAPÍTULO VIII: LA ORDEN EJECUTIVA DE DONALD TRUMP

Todo apuntaba a que sucedería durante el Mobile World Congress de Barcelona pero no fue hasta mediados de la pasada semana cuando Donald Trump se decidió por fin a rubricar la orden ejecutiva prohibiendo el uso de la tecnología de “adversarios extranjeros”.

La firma presidencial coincidió la decisión del Departamento de Comercio (que es parte del Gobierno) de incluir a Huawei y sus filiales dentro de la regulación especial de exportaciones.

Esto significa, de facto, que Huawei se encuentra en una lista negra del gobierno en la que ninguna empresa estadounidense puede hacer negocios con ella sin permiso del Gobierno.

Ante este nuevo marco legal, Google, Intel, Qualcomm y otras grandes empresas tecnológicas que hacían negocios con Huaweianunciaron el cese de su colaboración con la compañía china.

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El veto de Google a Huawei ha resultado ser el más sonado ya que, en un futuro a medio y largo plazo, dejará a estos teléfonos chinos sin sistema operativo Android (solo podrán emplear versiones de software libre) y sin aplicaciones. Un hito que provocó que millones de usuarios de terminales Huawei se pregunten qué sucederá ahora con sus móviles y cómo les afectará.

Por su parte, Huawei ha respondido que seguirán proporcionando actualizaciones ya que este es un escenario sobre el que la compañía china viene trabajando desde que el Congreso abrió su primera investigación oficial. A partir de ese momento, la empresa de Shenzhen comenzó a trabajar en su propio sistema operativo.

La pérdida del negocio con Huawei ha provocado un terremoto bursatil en Estados Unidos para estas firmas, y para otras como Apple, que finalmente ha provocado que el Gobierno de Trump conceda una moratoria de tres meses para la aplicación del nuevo marco legal impuesto a Huawei.

CAPÍTULO IX: ¿QUÉ PASARÁ AHORA?

Estados Unidos subestima nuestra empresa“. Esta declaración airada resume la reacción del fundador de Huawei, Ren Zhengfei, sobre las sanciones y sin guiños a los tres meses de tregua de Trump.

El veterano fundador sostiene que los proveedores estadounidenses “no significan demasiado” para su empresa y que ya se encontraban preparados para esta decisión. “Podemos hacer chips tan buenos como los que hacen los americanos, aunque eso no significa que no les compremos”, ha asegurado.

Mientras tanto, el gobierno de Pekín ha amenazado con vetar la exportación de minerales y tierras raras a Estados Unidos. Se trata de materias primas extremadamente escasas en el mundo -empleadas para fabricar móviles y ordenadores- y sobre los que la industria tecnológica de Washington tiene una dependencia total.

Como en otras ocasiones, el apoyo de Pekin a Huawei es total y el presidente Xi Jinping visitó con la plana mayor de su gobierno un complejo industrial de tierras raras, dejando que sea la prensa oficialista quien haga llegar las advertencias al otro lado del océano Pacífico.

Otra de las víctimas indirectas de esta guerra, y cuyo futuro pende de un hilo, es Apple, que se encuentra en el punto de mira de Pekin como objeto de posibles represalias del gobierno chino.

Tras el anuncio del veto de Google a Huawei, Apple ha experimentado una pronunciada caída en bolsa, los internautas chinos llaman a su boicot y no se descarta que el politburó del Partido Comunista pueda llevar a cabo otras acciones más directas como un subir los impuestos a sus terminales, emplear a los tribunales para prohibir algunos de sus productos bajo la excusa de una argucia legal -como ya hizo tras la detención de Meng- o poner trabas a la producción de sus terminales, ya que Apple es incapaz de fabricar sus iPhone y sus MacBook en Estados Unidos.

CAPÍTULO X: EL PAPEL DE ESPAÑA

España se juega más de lo que parece en esta guerra comercial entre China y Estados Unidos que tiene al 5G de Huawei como campo de batalla: podría perder información de inteligencia de vital importancia para la seguridad del Estado y los negocios de algunas de sus principales empresas como Telefónica podrían resentirse.

Desde que Trump empleó a la FCC para lanzar su ofensiva política contra Huawei por miedo al espionaje masivo, su gabinete ha estado trabajando paralelamente en hacer un fuerte lobby entre los países aliados en la OTAN.

Las presiones norteamericanas han llevado a abrir el debate público en países como como Francia e Italia, que se plantean endurecer su legislación para protegerse de un posible espionaje del gobierno chino a través de las infraestructuras 5G de la empresa, Reino Unido, que cuenta desde hace más de un lustro con un centro gubernamental que supervisa las actividades de Huawei, o Australia y Nueva Zelanda, que hacen frente común con los norteamericanos han dado la espalda a la empresa China.

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Sin embargo, el debate público en España es inexistente, tanto durante los gobiernos de Mariano Rajoy, como los de Pedro Sánchez. Un silencio sepulcral pese a que, en vísperas del último Mobile World Congress, el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, llegó a afirmar que “si un país adopta [como es el caso de España, que tiene a Huawei como principal proveedor de infraestructura 5G] y pone sus sistemas de información críticos con esta tecnología no estaremos en condiciones de compartir información con ellos”. Una inteligencia que, en el caso español, resulta vital para la seguridad del Estado.

De hecho, el ejecutivo de Sánchez ha mantenido una postura enfrentada a los intereses de Washington y ha aprovechado la última visita del presidente chino, Xi Jingping, para actuar como facilitador en un acuerdo bilateral entre Huawei y telefónica bajo el título “Strategy cooperation Framework Agreement on 5G,FBB and Digital services Telefonica-Huawei”.

Por el momento, desde Telefónica han optado por mantener una posición cauta y afirman estar estudiando el impacto que el veto de Trump tendrá en el consumidor.

Una vez finalizada la moratoria de Trump, el veto presidencial norteamericano podría poner a Telefónica en una posición difícil dentro de los Estados Unidos, ya que la teleco española tiene en Huawei a uno de los principales aliados. Una estrecha relación entre las empresas china y española que ya en el año 2007 captó la atención del Ejército de Estados Unidos.

Infografía: Las empresas que lideran el desarrollo del 5G | StatistaMás infografías en Statista

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