Las imágenes muestran a Raúl, un desvalido niño de tres años, jugando con una amiguita. Están en un poblado de Perú de la zona de Arequipa. Raúl juega con una pelota, Raúl mira a la cámara sonriendo con tristura, Raúl sorteando los retos de la casa ruinosa en la que vive, Raúl en una especie de hospital humilde: Raúl, el nene de tres años, tiene cáncer.

Junto a la pantalla, Roberto Pérez Rodríguez, un hombretón moreno y de cejas muy pobladas, llora sin contención ante 15 empleados maldiciendo el sino de un niño tan frágil cuya única esperanza son ellos. Desde luego, él, como jefe de la Liga Nacional contra el Cáncer Infantil (Linceci), una organización sin ánimo de lucro con sede en Zaragoza; y, ellos, como los esforzados guerreros que, recabando donaciones a golpe de teléfono, van a garantizar el tratamiento para tantos niños enfermos. Junto a Roberto hay una mujer que refuerza sus argumentos con una charla complementaria.

Frente a ellos, Rosa, una de las empleadas del call center contempla con desconcierto la escena. Esa mujer le recuerda a alguien pero no sabe exactamente a quién. Y lo del jefe la tiene verdaderamente sorprendida. ¿De verdad es el mismo hombre que espolea a sus empleadas al grito de ‘¡va a ser que no servís para esto!’, ‘¡pedidles la tarjeta de crédito y decidles que han de dar más…!? Repentinamente Rosa recuerda de qué le suena la mujer. ¡Ah, claro! Es la misma mujer que en otra empresa distinta se encargaba de darles los cursillos de riesgos laborales. Ni ella ni Roberto salen una sola vez en los vídeos de Perú. Rosa piensa, Dios la perdone, que Raúl puede ser de Perú o de Sebastopol, y es posible que ni siquiera esté enfermo y es posible que estos dos ni le conozcan. Hay algunas cosas que no le cuadran pero puede equivocarse. Porque ¿cómo puede ser posible tal falta de escrúpulos?

Te puede interesar  Secuestró y violó a su mujer delante de sus hijos
Una falsa organización contra el cáncer infantil estafó a más de 20.000 personasEL MUNDO (Vídeo)

Rosa no sabía entonces lo certera que estaba siendo su intuición. Dos años después, una nota de la Policía Nacional informaba esta semana de que cuatro personas han ingresado en prisión por estafa y organización criminal. En cinco años, con la engañifa de la lucha contra el cáncer infantil, el tal Roberto y sus secuaces habían recaudado más de tres millones de euros y se habían comprado 10 vehículos de alta gama -incluido un Jaguar-, un apartamento en la playa, un piso en Zaragoza, un chalet en la montaña. El resto del dinero lo guardaban en varias cuentas ya intervenidas.

La declaración policial muestra a un tipo que reconoce haberse puesto un sueldo de 15.000 euros, haber empleado a toda su familia -su mujer (cobraba 5.000 euros al mes), sus dos hijas, una hermana y su madre (que recibía 1.700 euros todos los meses)-, que no muestra ningún tipo de sorpresa porque le hayan atrapado y, sobre todo, que no se arrepiente de nada.

Ni un segundo de vergüenza porque le hayan pillado aprovechándose de niños enfermos, ni un ápice de remordimiento por haber abusado de la buena fe de gente esencialmente buena. Al contrario, muy seguro de sí mismo, con chulería, se hizo el ofendido por el tipo de preguntas que le estaban haciendo y que ponían en duda su honorabilidad. ¡Con la cantidad de personas a las que él había estado ayudando desde hace años!, vino a decir.

Rosa se había enterado por una amiga que Roberto Pérez necesitaba empleadas para su call center. «Me contó que este señor se dedicaba en principio a vender colchones y libros y otras cosas por teléfono pero que la empresa desapareció y él volvió a aparecer poco después al frente de Linceci». En realidad, Roberto Pérez, además del asunto de las ventas, se había dedicado durante muchos años a imprimir las páginas blancas telefónicas que dejaron de tener utilidad con la generalización del uso de Internet y decidió que podía rentabilizar todos aquellos teléfonos que estaban en su poder. Se los ofreció en primera instancia a varias ONG: recogería dinero para ellas a cambio de quedarse con el 80% de lo recaudado. No coló.

Rosa acababa de separarse y, aunque tenía un empleo que le ocupaba las tardes, necesitaba dinero. Animó a otra compañera y ambas decidieron probar. Le recuerda como un tipo con carisma, «de esos que destaca, aunque ni se mueva, en una habitación repleta de gente», y carente de complejos. «Espabilad, tenéis que tener la mente más fría que es para un buen fin, no tenéis que tener vergüenza de pedir dinero», le escuchaba decir varias veces al día con una ferocidad obsesiva rayana con la avaricia.

Ella trabajaba cuatro horas y media en una cabina llamando por teléfono para la captación de fondos. En su época, eran unas 11 personas además de Roberto y otros tres socios. Cobraba unos 400 euros más incentivos a partir de determinada cantidad recaudada. Como su amiga no tenía experiencia, tampoco fue dada de alta en la seguridad social. «Era un clasista. Muy buena actitud si le traías mucho dinero y un desagradable si no recaudabas tanto», recuerda.

Probablemente porque su hijo acababa de tener una intervención en una peca con un tumor maligno que podía haberse desarrollado, probablemente porque acababa de perder a su cuñado por el cáncer, probablemente porque tenía experiencia en realizar donaciones para los más desfavorecidos, Rosa estaba más sensibilizada y comenzó a desconfiar.

Te puede interesar  Los restos de Alan García serán cremados y sepultados el viernes

«No le gustaba que la gente hiciese el ingreso, tenías que coger el número de la tarjeta; y a mí me parecía que si la gente quiere hacer una donación, la hace libremente, sólo hay que darle un número de cuenta», explica. «Tenían un archivo de ‘clientes’, los llamaban así, no los llamaban donantes, y todos los años les volvían a llamar para que aportaran, y yo eso no lo había visto nunca», añade. Además, «la oficina estaba en un sitio sin ningún cartel anunciador, premeditadamente discreto, en un local que, desde el exterior, parecía desocupado».

Rosa sumó a esto, las ausencias en los vídeos demostrativos, y el hecho de que el tipo llegaba siempre conduciendo motos de gran cilindrada y coches estupendos, y, después de sólo seis semanas, decidió irse. «De todas formas, fuimos culpables de callarnos lo que no teníamos que habernos callado pero quién iba a pensar…»

Cuando la hija de Jero cumplió ocho años, él y su mujer decidieron que no iban a comprarle ningún regalo sino que iban a destinar ese dinero a colaborar con alguna organización que ayudase a gente que lo estuviese pasando mal. A ella, tan pequeña, le encantó la idea. Jero conocía Linceci porque un año antes alguien le había llamado para que hiciese una aportación y la hizo, y el día del cumpleaños les envió los 100 euros con los que su hija quería ayudar a otros niños. Jero -ha quedado claro de que estamos hablando de personas esencialmente buenas- es el propietario de ATAACARS una empresa dedicada a vender coches eléctricos para niños y ya había realizado donaciones por su cuenta al hospital de Murcia y al de Alcorcón. Le hacía sentirse bien porque «los niños lo agradecían inmensamente». Al parecer, los chavales llevan mejor los tratamientos si pueden ir hasta ellos divirtiéndose mientras conducen un coche molón.

De modo que Jero se lo propuso a David Cabo, el responsable de comunicación de Linceci y les mandó 9 coches. Cinco de ellos fueron donados al Ramón y Cajal, que no aceptó más porque no los necesitaba. Del resto no sabe nada. «No sé si los entregaron a otros hospitales, creo que no», especula ahora. Aun así, los de Linceci quisieron comprarle otros 15, que él les remitió a precio de mayorista pagando los gastos de envío. La publicidad para Linceci era estupenda, le reportaba más donantes enternecidos por sus generosos gestos, y, después, cuando en vez de donar los pequeños vehículos, los vendieron, también consiguieron un dinero. Linceci difundió una revista y un lema «Somos red de alegría» con los que difundió lo de las donaciones de coches y otros logros.

Jero aparece en algunas de las fotos que se hicieron todos en el Ramón y Cajal. Mantuvo una breve conversación «escueta» con Roberto Pérez y no le causó «mala impresión». Cuando se enteró de lo que había ocurrido le entró dolor de corazón. «Piensas que la gente no se puede aprovechar de eso. Cuando colaboras con una ONG, cambia en ese sentido tu percepción de la realidad. No vas con suspicacias. Piensas que algo así no puede pasar en España. Me dio mucha rabia que me usaran pero me da más rabia no haber podido ayudar a otras ONG que trabajan bien», cuenta.

A Jero se le nota la congoja en la voz a medida que transcurre la conversación y se le ahoga un poco, como si estuviera reprimiendo el llanto, cuando se le pregunta qué le ha explicado a su hija: «No he tenido el valor para decírselo. No encuentro ni la forma ni el momento. Tampoco creo que sea bueno porque si no, sacará la conclusión de que no se puede fiar de nadie. Y no es así. Nosotros esperamos seguir haciendo cosas por la gente honrada».

Fue la Asociación de Padres de Niños Oncológicos de Aragón (ASPANOA) la que puso la denuncia el 12 de junio del año pasado. Los de Linceci no se prodigaban por el circuito de las ONG, ni pedían ayudas a las instituciones porque, de forma premeditada, querían pasar inadvertidos. Pero, después de cuatro años de captaciones agresivas, y de organizar campañas de ventas de los objetos más variados como bolígrafos o servilletas que colocaban en tiendas de barrio y estancos, la gente empezó a llamar a ASPANOA para preguntar si allí sabían quiénes eran. Todos los días se recibían varias llamadas.

«Las organizaciones serias tenemos una sección de transparencia en nuestras páginas web. Las subvenciones, las cuentas detalladas, auditorías externas y ellos no tenían nada. Y saltaron las alarmas. Nos metimos en el registro mercantil y vimos que él y uno de sus socios peruano aparecían como dueños de 6 empresas con un objeto social de promoción y publicidad, de uso editorial y de merchandaising con nombres parecidos a Linceci», relata Miguel Casaus, el presidente de ASPANOA. Lo llevaron todo a la Fiscalía y se inició la investigación oficial.

Te puede interesar  Tarija: La Felcn aprehende a dos sujetos con 120 gramos de marihuana cerca a un colegio

Se averiguó además que los del call center de Roberto Pérez, habían usurpado también el prestigio de los Bomberos sin Fronteras, inventando Bomberos Unidos Sin Fronteras, y recabaron dos millones de euros para que intervinieran en supuestas catástrofes que, en realidad, según la Policía, también acabaron en sus bolsillos. Cinco millones en total.

En las intervenciones telefónicas grabadas por orden judicial, aparecen muchas cosas y entre ellas, las conversaciones de Roberto Pérez en las que justifica, como un profesional del asunto, que ha de tener una flota de coches de lujo a disposición de Linceci porque todo este tipo de organizaciones tienen algún vehículo. El vehículo que compró en esa ocasión era para su hija. La orden fue que lo pagase Linceci.

En contra de lo que pudiese parecer, no consta que Roberto Pérez tenga antecedentes por estafa. Pero en fuentes judiciales conocedoras del procedimiento ha llamado la atención lo bien organizada y pensada que tenía su estructura. Las palabras que utilizan son inteligente y audaz. Y hacen cábalas sobre el modo legal de devolver las donaciones realizadas con buena fe y destinadas a un uso fraudulento. Algunos de los trabajadores de Roberto Perez advierten de que la historia no ha acabado. Sus negocios «turbios», dicen, todavía iban más allá.

El Mundo

 Síguenos en Facebook

Comenta

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Mira también:

Hallan sin vida a una mujer que fue entregada a un curandero para “sanarla”

El hecho ocurrió en el municipio de Challapata del departamento de Oruro,…

Tarija: Envían a la cárcel a hermanos por violar a mujer en una avenida

Envían a la cárcel a hermanos por violar a mujer Ayer en…

Fiscalía desestima denuncia por acoso sexual contra Urquizu

Página Siete Digital / La Paz El video donde se observa al…

Salta ya usa cámaras de reconocimiento facial y detiene en las últimas horas a una narco con pedido de captura

El moderno sistema de seguridad de Salta permite localizar con cámaras de…

Felcn intercepta en Beni una avioneta brasileña sospechosa de llevar droga

Agentes de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn) encontraron…