«Esta nota fue publicada en junio de 2024 y la republicamos a raíz de la declaración del estado de emergencia por parte del gobierno de Panamá en la provincia donde Chiquita despidió a 5.000 trabajadores».
El fallo del lunes 10 de junio contra Chiquita Brands por su responsabilidad en ocho asesinatos cometidos por paramilitares en Colombia no es el primer caso en el que se relaciona a la empresa con episodios violentos en países latinoamericanos.
El veredicto a favor de las víctimas al que llegó un tribunal de Florida es la conclusión de uno de los cientos de casos que enfrenta la compañía en la justicia estadounidense.
En 2007, la empresa ya había reconocido ante las autoridades de Estados Unidos que le pagó US$1,7 millones al grupo paramilitar de derecha Autodefensas Unidas de Colombia y tuvo que pagar una multa de US$25 millones.
Chiquita argumenta que comenzó a hacer los pagos luego de que el líder de las AUC en aquel momento, Carlos Castaño, insinuara que el personal y las propiedades de la empresa podrían sufrir daños si no entregaban el dinero.
La empresa expresó en un comunicado tras el veredicto de esta semana que la situación en Colombia fue «trágica para muchos, incluidos los directamente afectados por la violencia allí, y nuestros pensamientos permanecen con ellos y sus familias».
«Sin embargo, eso no cambia nuestra creencia de que no hay base legal para estas reclamaciones», añadió.
BBC Mundo contactó a la empresa para recabar más información, pero no recibió respuesta.
Los pagos a grupos paramilitares en Colombia, país cuya justicia no ha condenado a la empresa, son solo una de las sombras que oscurecen la larga historia de la compañía.
Un innovador mercado
Chiquita Brands es la heredera de la United Fruit Company, una empresa fundada en 1899 que cambió el mundo con su modelo de producción de banano e influyó en la política y la economía de varios países latinoamericanos al punto de que se les empezó a llamar «repúblicas bananeras».
Su negocio consiste, desde hace más de 100 años, en llevar bananos frescos desde los países productores, que son necesariamente tropicales, a las mesas de los consumidores de todo el mundo.
En palabras de Peter Chapman, autor del libro Bananas: How the United Fruit Company Shaped the World («Bananos: Cómo la United Fruit Company moldeó el mundo»), la empresa fue la primera de las multinacionales modernas.
Supuso pues un paso clave en la historia del capitalismo.
La United Fruit Company construyó una red de enormes plantaciones que iba desde Guatemala hasta Colombia (pasando por Honduras, El Salvador, Belice, Nicaragua, Costa Rica y Panamá) e incluía islas del Caribe como Cuba y Jamaica.
Su capacidad para operar en muchos casos superaba a la de los gobiernos de esos países.
«Podía usar su tecnología, su experticia, para operar en áreas donde otros no podían ir», le dice Chapman a BBC Mundo.
Como empleadora de miles de personas, dueña de miles de hectáreas de tierra y aliada cuando lo requería del gobierno estadounidense, la United Fruit Company podía influir en generar estabilidad o inestabilidad.
Décadas antes de financiar paramilitares, la empresa jugó un papel central en la llamada masacre de las bananeras de 1928, también en Colombia, y en el golpe de Estado de Guatemala de 1954.
Aunque atravesó una fuerte crisis a mediados de los 70, la sobrevivió cambiando de dueños y en la actualidad, Chiquita Brands vende toneladas de bananos con stickers azules en los supermercados del mundo.
Los inicios
Antes de convertirse en un magnate bananero, Minor Keith, fundador de United Fruit Company, era un empresario de ferrocarriles.
«Solo se interesó en los bananos cuando se dio cuenta de que los trabajadores jamaiquinos que había llevado a Costa Rica para construir el ferrocarril habían traído consigo una producción a pequeña escala de bananos para alimentarse», cuenta el periodista y escritor Peter Chapman.
«Entonces, Keith, que estaba en problemas financieros para construir el ferrocarril, pensó que podía vender bananos en Estados Unidos».
Desde 1873, comenzó a experimentar con la producción y el transporte de bananos.
Para entonces, hacer que un banano llegara desde Costa Rica hasta Nueva York antes de que se pudriera era una proeza. No existían siquiera los barcos con refrigerador.
«Era un lujo esta fruta dulce que sabía tan bien, venía de muy lejos y podías tener todo el año», explica Chapman.
Keith «empezó a usar la producción y distribución de banano como una forma de respaldar su gran proyecto de construir un ferrocarril en Costa Rica», y empezó a hacerlo a gran escala.
En 1899, se fusionó con otra empresa que dominaba el negocio del banano en Jamaica, y así nació la United Fruit Company.
BBC









