El restablecimiento de relaciones ocurre en un escenario marcado por la guerra iniciada en 2022, tras la invasión rusa a Ucrania, y por el cambio de orientación internacional de Bolivia.
El giro de la política exterior boliviana comenzó a reflejarse también en Europa del Este. Tras años de relaciones prácticamente inexistentes, Bolivia y Ucrania han iniciado un proceso de acercamiento diplomático que, según Kiev, marca el inicio de una nueva etapa bilateral.
“Es un símbolo de cambio en la política de Bolivia”, afirmó el cónsul de la embajada de Ucrania en Brasil, Heorhii Erman, en entrevista con EL DEBER, al referirse al reciente voto boliviano en la Asamblea General de Naciones Unidas a favor de una resolución que respalda la paz en Ucrania.
Ese gesto —inédito en la historia diplomática boliviana— se suma al diálogo sostenido en febrero entre el canciller Fernando Aramayo y su par ucraniano, Andrii Sybiha, considerado por ambas partes como el primer paso para restablecer relaciones tras más de 20 años de escasa interacción.
Un nuevo ciclo diplomático
Erman destacó que la llegada del presidente Rodrigo Paz Pereira abrió “un tiempo de optimismo” en la política exterior boliviana, caracterizado por una mayor apertura hacia el mundo.
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“Las relaciones con Ucrania son parte de este nuevo curso de política exterior”, sostuvo el diplomático, quien remarcó que durante las gestiones de Evo Morales y Luis Arce no existía “ninguna comunicación política” con Kiev.
Como evidencia de ese distanciamiento, recordó que en 2009 un embajador ucraniano no logró ser recibido por el entonces presidente Morales. En contraste, la visita del cónsul Erman a Santa Cruz —la primera de un representante ucraniano en 14 años— refleja el relanzamiento del vínculo.
De la distancia a la cooperación
El acercamiento también tiene un componente práctico. Ucrania busca posicionarse como socio en áreas clave para Bolivia, como la producción agrícola, la tecnología y la digitalización estatal.
“A pesar de la guerra, seguimos siendo uno de los principales productores de granos y aceite de girasol”, explicó Erman, al destacar además el desarrollo del sector tecnológico ucraniano.
En ese marco, mencionó la posibilidad de cooperación en trigo —un producto clave para la producción de harina que importa Bolivia—, así como transferencia de tecnología agrícola y servicios digitales que permitan modernizar la gestión pública.
“Ucrania puede ofrecer tecnologías para que Bolivia produzca más trigo y mejorar sus servicios digitales, evitando filas y trámites presenciales”, señaló.
Contexto geopolítico
El restablecimiento de relaciones ocurre en un escenario marcado por la guerra iniciada en 2022, tras la invasión rusa a Ucrania, y por el cambio de orientación internacional de Bolivia.
Durante los gobiernos del MAS (2006-2025), La Paz mantuvo una estrecha relación con Moscú, incluso con acuerdos estratégicos en áreas como el litio. En ese periodo, Bolivia optó por abstenerse en votaciones de la ONU que condenaban la ofensiva rusa.
Hoy, sin romper vínculos —Rusia mantiene embajada en La Paz y Bolivia conserva representación en Moscú—, la administración de Rodrigo Paz ha optado por una política más pragmática y diversificada.
América Latina en la mira
El interés ucraniano va más allá de Bolivia. Erman confirmó que su país está ampliando su presencia en América Latina, con la apertura de nuevas embajadas en Panamá, República Dominicana, Ecuador y Uruguay.
“Ucrania quiere desarrollar sus relaciones con la región y redescubrir países como Bolivia”, afirmó.
En esa línea, no se descartan visitas oficiales de alto nivel en los próximos meses, así como la firma de acuerdos bilaterales.
Pese al optimismo, el propio diplomático admitió que el proceso recién comienza. “Es necesario elaborar los mecanismos de cooperación”, dijo, especialmente en áreas como gas y minerales estratégicos.
Sin embargo, el mensaje político es claro: tras dos décadas de distancia, Bolivia y Ucrania han vuelto a mirarse.
Y esta vez, según Kiev, el acercamiento no es solo simbólico, sino el inicio de una relación que busca resultados concretos en lo político, económico y tecnológico.
Fuente: El Deber








