AHORADIGITAL.- El economista Fernando Romero presentó un análisis crítico sobre la situación financiera de Bolivia, revelando que la deuda externa ha alcanzado su pico más alto en la historia con 14.131 millones de dólares. A este panorama sumó una deuda interna del Tesoro General de la Nación (TGN) indicando que asciende a 33.250 millones de dólares.
Según Romero, el Banco Central de Bolivia (BCB) ha otorgado un refinanciamiento de casi 32 mil millones de bolivianos al TGN, transformando obligaciones de corto plazo que debían pagarse este año en una deuda de largo aliento a 35 años plazo, con un interés del 4,55% y cinco años de gracia.
Esta maniobra financiera ha sido calificada como un «oxígeno fiscal» que otorga estabilidad inmediata al actual Poder Ejecutivo, pero a un costo elevado para las próximas administraciones. «Pensando un poco mal, está beneficiando de manera directa e importante al gobierno de Rodrigo Paz porque las deudas se están trasladando a gobiernos futuros, quienes van a recibir una carga fiscal importante», señaló Romero, subrayando que el BCB continúa operando como el principal acreedor y financiador del Estado, lo que pone en duda su independencia y autonomía institucional.
El economista advirtió que el riesgo de que la deuda acumulada roce el 90% del PIB no solo radica en la solvencia del país, sino en el impacto directo sobre el bolsillo de los ciudadanos, afirmando que al evitar que el TGN pague su deuda este año, se impide el retiro de excedentes de dinero en circulación, manteniendo la oferta monetaria en niveles extraordinarios.
En cuanto a la estabilidad cambiaria, el economista descartó la posibilidad inmediata de pasar de un tipo de cambio fijo a uno flotante o realizar una devaluación controlada, señalando que para ejecutar un cambio de sistema, el país requeriría un colchón financiero de entre 2.500 y 4.500 millones de dólares, recursos con los que el BCB no cuenta, dado que las divisas líquidas están por debajo de los 500 millones de dólares. Romero calificó la economía actual como frágil y señaló que los préstamos internacionales llegarán de manera paulatina, lo que retrasará la devolución total de los ahorros en dólares a la población.
Finalmente observó que el ajuste fiscal necesario para estabilizar el país se está realizando «a medias», omitiendo recortes estructurales en empresas públicas deficitarias y en la abultada masa salarial estatal. «En realidad, el gasto estatal es algo gigantesco que hay por donde cortar y nos sobra creo que para hacerlo, pero por el momento no se lo hizo y tal vez más allá del tema económico está habiendo de cierta manera cálculos políticos», concluyó Romero, insinuando que la cercanía de las elecciones subnacionales de marzo frena las reformas impopulares pero urgentes que la economía boliviana requiere.
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