En la búsqueda de respuestas sobre cómo se originó la vida en la Tierra, un descubrimiento reciente realizado por científicos japoneses volvió a poner en el centro de la escena a los asteroides.
Un nuevo análisis confirmó que los fragmentos traídos del asteroide Ryugu contienen las cinco nucleobases canónicas, los componentes esenciales del ADN y el ARN, moléculas responsables de almacenar y transmitir la información genética en todos los seres vivos.
El hallazgo, publicado por el equipo encabezado por Toshiki Koga en la revista Nature Astronomy, sostiene la teoría de que los ingredientes químicos necesarios para la vida podrían haber llegado a la Tierra desde el espacio.
Las nucleobases identificadas —adenina, citosina, guanina, timina y uracilo— son las piezas fundamentales de los ácidos nucleicos. Esta vez, los científicos no solo encontraron una de ellas, sino el conjunto completo en las dos muestras diferentes recolectadas por la misión japonesa Hayabusa-2. Según explicó Koga, “esto no significa que existiera vida en Ryugu”.
El bioquímico de la Agencia Japonesa para la Ciencia y la Tecnología Marina y Terrestre precisó: “En cambio, su presencia indica que los asteroides primitivos podrían producir y preservar moléculas importantes para la química relacionada con el origen de la vida”.
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La misión Hayabusa-2 viajó más de 300 millones de kilómetros hasta alcanzar el asteroide Ryugu, de unos 900 metros de diámetro, y logró recolectar dos fragmentos de roca que sumaban poco más de 5 gramos en total.
El regreso de las muestras al planeta se concretó en 2020 y permitió a los científicos trabajar con material que nunca estuvo expuesto a las condiciones terrestres, lo que garantiza que los compuestos hallados no provienen de contaminación posterior.
El primer análisis publicado en 2023 ya había identificado uracilo, una de las bases del ARN, pero el estudio reciente confirmó la presencia de todo el repertorio genético.
El hallazgo cobra mayor relevancia porque, según la investigación, no se trata de un caso aislado. Anteriormente, la misión OSIRIS-REx de la NASA trajo a la Tierra fragmentos del asteroide Bennu, donde también se hallaron las cinco nucleobases.
“La detección de diversas nucleobases en materiales de asteroides y meteoritos demuestra su presencia generalizada en todo el Sistema Solar y refuerza la hipótesis de que los asteroides carbonáceos contribuyeron al inventario químico prebiótico de la Tierra primitiva”, sostiene el equipo japonés en el artículo científico.
El descubrimiento de las cinco bases en Ryugu y Bennu fue acompañado por la comparación con dos meteoritos ricos en carbono, Murchison y Orgueil, ambos caídos en la Tierra en el siglo XX. El análisis cruzado permitió a los investigadores comparar las cantidades halladas de cada base en las distintas muestras y detectar variaciones asociadas con la historia química de cada cuerpo espacial.
Uno de los hallazgos más destacados fue la relación entre la proporción de nucleobases y la concentración de amoníaco, un compuesto esencial también para la formación de moléculas biológicas.
“Dado que ningún mecanismo de formación conocido predice tal relación, este hallazgo podría señalar una vía previamente desconocida para la formación de nucleobases en los materiales primitivos del sistema solar”, señaló Koga al presentar el estudio.
La importancia de este avance radica en que las nucleobases son indispensables para la vida tal como se conoce. El ADN, con su doble hélice, forma el plano genético de cada organismo, mientras que el ARN actúa como mensajero, interpretando y ejecutando las instrucciones del ADN. En ambos casos, las cinco bases —con la diferencia de que el ADN utiliza timina y el ARN uracilo— resultan imprescindibles para la transmisión de la información genética.
En la comunidad científica, el hallazgo fue recibido con entusiasmo. “Estos resultados no sugieren que el origen de la vida tuviera lugar en el espacio”, aclaró César Menor Salvan, astrobiólogo de la Universidad de Alcalá. Sin embargo, “con esto y los resultados de Bennu, tenemos una idea muy clara de qué materiales orgánicos pueden formarse en condiciones prebióticas en cualquier lugar del universo”, añadió el especialista.
El hallazgo de la timina, en particular, resulta relevante para los estudios sobre el origen de la vida. La hipótesis del mundo de ARN propone que el ARN surgió antes que el ADN, ya que el uracilo se considera más fácil de sintetizar en condiciones prebióticas. La timina, que es una variante química del uracilo, suele asociarse a procesos biológicos más avanzados, por lo que su presencia en asteroides como Ryugu sugiere que ambos compuestos pueden formarse en el espacio en lugar de que uno predomine sobre el otro.
El descubrimiento reciente también refuerza la teoría de la panspermia, que postula que los componentes básicos necesarios para la vida podrían haber llegado a la Tierra transportados por asteroides y meteoritos en las primeras etapas de la historia del planeta.
Según los investigadores, la universalidad de las cinco nucleobases en los asteroides analizados pone en primer plano la idea de que los ingredientes genéticos esenciales estaban presentes en el Sistema Solar mucho antes de que surgieran los primeros organismos vivos en la Tierra.
Fuente: Infobae










