El incremento del precio internacional del petróleo a raíz del conflicto en Medio Oriente podría generar fuertes presiones sobre la economía boliviana, especialmente en el ámbito fiscal, cambiario y energético, según el análisis del economista Fernando Romero.
El especialista explicó que el impacto para Bolivia no está ligado directamente al ámbito militar o político del conflicto, sino a sus efectos sobre el mercado energético global. La cotización del crudo superó los 100 dólares por barril, impulsada por el riesgo de interrupciones en la oferta mundial.
Para Bolivia, el principal efecto se produce por su alta dependencia de combustibles importados. Romero recordó que el país importa alrededor del 90% del diésel y el 50% de la gasolina que consume en el mercado interno, lo que hace que cualquier aumento en el precio internacional se traduzca en mayores costos.
“El país compra gasolina y diésel a precio internacional para venderlos en el mercado interno. Si el petróleo sube, también sube el costo de importación de estos combustibles”, explicó.
Este escenario podría incrementar el gasto público y ampliar el déficit fiscal. El economista advirtió que, si la tendencia alcista se mantiene, el déficit podría mantenerse cerca o incluso por encima del 10% del Producto Interno Bruto (PIB).
Otro canal de impacto es la presión sobre las divisas. El país necesitaría más dólares para pagar las importaciones de combustibles, en un contexto en el que las Reservas Internacionales Netas (RIN) en divisas alcanzan apenas 435 millones de dólares.
Romero señaló que esta situación podría intensificar la presión sobre el mercado cambiario, donde ya se observa un incremento del dólar paralelo, que ronda los 9,5 bolivianos, lo que podría generar nuevas tensiones en el tipo de cambio.
El análisis también advierte un posible efecto fiscal. Si el Gobierno decide mantener los precios internos bajos frente a un petróleo caro, podría verse obligado a retomar o ampliar esquemas de subsidio a los carburantes. Antes de su eliminación, Bolivia destinaba cerca de 2.700 millones de dólares anuales a subvencionar combustibles.
“El Estado podría gastar más dólares para importar carburantes y más bolivianos para subvencionarlos”, indicó.
Asimismo, el economista alertó sobre posibles efectos inflacionarios. El encarecimiento del petróleo suele trasladarse al costo de otros commodities y al transporte global, lo que puede elevar los precios de bienes importados. Para Bolivia, que depende ampliamente de las importaciones, esto podría traducirse en nuevas presiones inflacionarias.
Romero concluye que un conflicto prolongado en el mercado petrolero profundizaría problemas estructurales de la economía boliviana, como el déficit fiscal, la escasez de dólares y la alta dependencia de combustibles importados.
En ese contexto, sostiene que el país necesita avanzar hacia cambios estructurales, entre ellos precios internos más cercanos al mercado internacional, subsidios focalizados y una mayor diversificación energética que incluya bioenergía, electricidad, gas natural vehicular y fuentes renovables.
El Deber







