Los cuatro fueron hallados muertos en la calle Yablunska de Bucha, pero llegaron allí por razones diferentes: una evacuación riesgosa, una bicicleta prestada, un pariente herido. Uno de ellos incluso había nacido en Rusia.
A principios de abril, en un tramo de esa calle de la ciudad ucraniana próxima aKiev fueron hallados los cuerpos de al menos 20 personas vestidas de civil, todas víctimas de presuntos crímenes de guerra perpetrados por las fuerzas rusas.
Las imágenes de los muertos —en su mayoría abatidos a tiros y abandonados ahí durante semanas— tomadas por la AFP y otros medios desataron una tormenta de indignación mundial y acarrearon más sanciones contra Rusia y un aumento de la ayuda a Ucrania.
Hasta hoy hay más preguntas que respuestas sobre esta matanza, pero emergen poco a poco, a medida que los investigadores recogen pruebas y los testigos recuerdan los pormenores del horror de Yablunska (la calle de Bucha).
Estas son las historias de algunos de los muertos de Yablunska.
Una ráfaga
“Salimos juntos y regresé solo”, dice Oleksandr Smagliuk, 21 años, con sus ojos azules mirando al vacío, al recordar la mañana del 6 de marzo.
Los tanques rusos estaban en Bucha desde hacía más de una semana y la contraofensiva ucraniana no había logrado recuperar la localidad, situada al noroeste de la capital.
La evacuación de los habitantes se hacía cada vez más difícil y llegó a ser imposible. La ciudad estaba aislada, sin electricidad, agua ni teléfono.
El 6 de marzo, a las 10:30, Mijailo Romaniuk, de 58 años, acompañaba a Smagliuk, el novio de su sobrina, para visitar al padre del joven en un hospital en el que se encontraba herido grave después de un ataque.
Smagliuk y Romaniuk pensaban que podrían recargar sus celulares en ese lugar.
Pedalearon unos minutos y cuando llegaron a la calle Yablunska empezó el tiroteo.
“No vimos a nadie. No me di cuenta hasta el final de dónde llegaban los tiros. Solo escuché ráfagas y lo vi caer. Doblé por otra calle para escapar”, cuenta Smagliuk.
Tiros de todas partes
Algunos residentes indican a la AFP que los disparos durante la ocupación llegaban de varias direcciones, lo cual aumenta la probabilidad de que más de un tirador fuese responsable de los asesinatos.
Sin que los habitantes se dieran cuenta, las calles hacia la ciudad vecina de Irpin se habían transformado en puestos de avanzada de las tropas rusas.
Los tanques estacionaron en las calles y en los jardines de las casas y los rusos montaron barricadas y se desplegaron en torno a los edificios.
“Lo primero que hicieron fue instalarse y disparar contra todo lo que se movía, a todos los que se les acercaban. Incluso a las estatuas”, dice el jefe de la policía de Bucha, Vitaly Llobas.
El cuerpo de Romaniuk permaneció 28 días en la acera de borde amarillo y blanco. Su cara, hinchada, estaba colocada hacia un lado y guantes naranjas aún cubrían sus manos.
Su cadáver fue recogido el 3 de abril, tras la liberación de la ciudad.
Su certificado de muerte indica un “trauma craneal, causado por una bala penetrante (…), con múltiples lesiones cerebrales y fractura en la cavidad craneal”. El documento concluye: “herida por arma automática con la intención de matar”.
Pero estas descripciones no dan indicios sobre su vida.
Romaniuk se desempeñaba como trabajador de la construcción en Bucha, donde muchas familias de Kiev se instalaron en busca de una vida tranquila.
“Le encantaba cantar, era un hombre alegre y un poco bebedor”, recuerda su cuñada, Viktoria Vatura, de 48 años.
Era “un hombre sencillo que amaba la vida y nunca había lastimado a nadie”, dice Vatura a la AFP.
Manos arriba
El 5 de marzo, cuando aún era posible, Mijailo Kovalenko trató de escapar de Bucha en coche con su mujer y su hija.
Los combates que azotaban la zona la convirtieron en una ratonera sin agua en las casas y con un riesgo constante de morir por disparos de balas.
Cuando el hombre de 62 años llegó a la calle Yablunska, “salió del vehículo con sus manos arriba” para presentarse a los rusos del puesto de control, cuenta Artem, el novio de la hija de Kovalenko, que aceptó hablar bajo la condición de que no se publicara su apellido.
Pero, aun así, los soldados rusos le dispararon, dicen su mujer y su hija, que sobrevivieron el ataque al salir corriendo.
Mientras corría, la mujer resultó herida en la pierna, agrega Artem.
El cuerpo de su marido, vestido con una parka azul y pantalones beige, permaneció a un lado de la ruta durante 29 días.
Un final brutal y repentino para un hombre que amaba la música clásica y las caminatas en la naturaleza bucólica de Bucha.
Sus familiares lo identificaron gracias a su ropa, a partir de una foto tomada desde lejos por la AFP el 2 de abril.
“Fue horrible”, dice Artem.
El 18 de abril, las autoridades llamaron a Artem para que acudiera a la morgue e identificara el cuerpo. Su novia está ahora en Bulgaria, en cuidados psiquiátricos.
Desde que presenció el asesinato de su padre, “se despierta cada noche”, explica Artem.
“Maksym el temerario”
La sangre se acumuló bajo el cuerpo de Maksym Kirieiev, que yacía boca abajo en una rotonda de las calles Yablunska y Yaremchuka.
En la foto de la AFP, se ve que es uno de los tres cuerpos abandonados cerca de pilas de adoquines frente a unos edificios en construcción.
Uno de los cadáveres tenía las manos atadas en su espalda con un lazo blanco que los ucranianos han utilizado para señalar que no eran combatientes.
El hombre, de 39 años, trabajaba en la construcción, había esquivado hasta entonces a los rusos y sobrevivido a la guerra escondido en un sótano.
“Todo el mundo lo llamaba Maksym el temerario”, porque ayudaba a quienes necesitaban cambiar de refugio, cuenta Iryna Shevchuk, de 52 años, que se convirtió en una de sus amigas durante la ocupación.
Shevchuk ofrece su testimonio a unos 100 metros del lugar donde se encontró el cuerpo. Frente a las pilas de adoquines aún se puede ver rastros de sangre.
Tras semanas de ocupación militar, que Maksym documentó en videos y mensajes, llegó su momento final.
El 17 de marzo, junto con otro hombre, salió del refugio para cambiarse de ropa cerca de unos edificios en construcción, según Shevchuk.
Nunca regresó.
“Es muy importante que se haga justicia para Maksym, porque si no los castigamos (a los rusos), harán lo mismo en el futuro”, afirma su amiga.
Una bicicleta prestada
Volodimir Brovchenko “necesitaba llevar la bicicleta a Vorzel”, una ciudad vecina donde trabajaba, cuenta su cuñada Natalia Zelena, de 63 años.
“Pidió prestada la bicicleta a alguien y ese día solo necesitaba devolverla “, agregó.
Brovchenko desempeñó varios trabajos en su vida, incluido el de carpintero.
Su mujer trató de disuadirlo de salir porque la situación era peligrosa, pero el hombre, de 68 años y padre de dos hijos, decidió emprender el camino.
Murió baleado mientras pedaleaba por la calle Yablunska, en una fecha cercana al 5 de marzo.
Zelena y su mujer Svitlana Brovchenko lo identificaron gracias a una foto de la AFP.
Un vecino trató de sacar su cuerpo de la calle, pero también fue baleado, aunque sobrevivió, según Zelena.
Durante semanas, Brovchenko permaneció en la acera junto a su bicicleta azul.
“Él mismo era oriundo de Rusia, de algún lugar cerca del distrito de Gorkovsky”, dijo Zelena. “Pero vivía aquí desde 1976”.
AFP











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