Imágenes sorprendentes de una muchedumbre ingresando a la residencia oficial del presidente de Sri Lanka, Gotabaya Rajapaksa, circularon la mañana de ayer en el mundo entero.
Primero se observa a una multitud furiosa arrasar con todo a su paso y, horas después, a unos emocionados manifestantes que disfrutaban del palacio vacío y que hasta se dieron el que se llamó el ‘chapuzón de la victoria’ en la piscina del todavía mandatario.
Tras la difusión de las imágenes, autoridades esrilanquesas confirmaron que Rajapaksa huyó de su residencia en Colombo minutos antes del ingreso de los manifestantes y anunciaron que “para garantizar una transición pacífica, el presidente presentaría su renuncia el 13 de julio”.
Los desbordes de la jornada fueron el punto culminante de tres meses de protestas contra un gobierno acusado de llevar a esta isla de Asia meridional a una profunda crisis económica que hundió a millones de personas en la pobreza.
Las claves de la crisis
Sri Lanka, que en las últimas décadas había disfrutado de un importante crecimiento económico, hoy enfrenta una de las peores crisis económicas desde su independencia en 1948, derivada de la caída de divisas de reservas internacionales y de un gran endeudamiento.
El país lleva meses con cortes de electricidad, largas filas de espera para comprar combustible y una inflación récord, lo que generó las manifestaciones y disturbios masivos que reclaman la dimisión del presidente y de varios miembros de su familia en cargos de poder.
La ONU estima que alrededor del 80% de los 22 millones de srilankeses se salta comidas.
Según economistas, el colapso se debe a la pandemia de Covid-19, que privó a la isla de las divisas del sector turístico y se vio agravada por malas decisiones políticas.
En abril, Sri Lanka se declaró en suspensión de pagos de su deuda pública de 51.000 millones de dólares e inició negociaciones de rescate financiero con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El ‘chapuzón de la victoria’
Los manifestantes que tomaron la residencia presidencial se encontraron repentinamente con ese lujoso palacio a su disposición y aprovecharon para darse un chapuzón en la piscina.
Decenas de esrilanqueses colgaron en las redes imágenes en las que se los ve deambular por los aposentos de Gotabaya Rajapaksa, tumbarse en su cama y disfrutar de los jardines de la residencia en Colombo, la capital del país.
“Estamos en la habitación de Gotabaya, aquí está la ropa interior que abandonó”, dice un joven que muestra un calzón negro en un video que ha viralizado. “También se dejó los zapatos”, añade.
El mandatario pudo huir gracias a que los soldados de su guardia dispararon al aire para abrirle paso. Poco después, otra turba tomó las oficinas presidenciales, en el distrito administrativo, e incendiaron la residencia privada del primer ministro Ranil Wickremesingh.
“Me sorprende ver que hay un climatizador que funciona en el baño, cuando nosotros sufrimos cortes de electricidad todo el tiempo”, declaró a los medios un hombre que estaba en el lugar.
Tras la invasión, la mayoría de los policías y militares desaparecieron. Solo quedó vigilando un cuerpo de policía de élite, que parecía resignado a la presencia de los invasores.
Subido a una verja, un estudiante pidió a la muchedumbre no robar ni dañar nada. “Hemos llamado ladrón a Gota pero, por favor, no se lleven nada del palacio”, arengó. “No debemos convertirnos en ladrones como ellos”.
Agencia AFP







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