La agencia estadounidense de calificación de deuda Fitch ha rebajado este martes la nota de la deuda emitida por la petrolera estatal mexicana Pemex por la caída en los ingresos y los bajos niveles de inversión en exploración y producción, las áreas tradicionalmente más rentables en su cuenta de resultados. Fitch reduce en dos escalones (de BBB+ a BBB-) su valoración del pasivo a largo plazo —lo que le sitúa a un paso de perder el grado de inversión y pasar a terreno especulativo—, y mantiene su perspectiva negativa.
Tras conocerse la rebaja de la calificación, en los primeros compases de cotización de este miércoles —todavía en el tramo del mercado asiático—, el peso se depreciaba un 0,7% frente al dólar estadounidense. Aunque en los últimos años México ha diversificado sus fuentes de ingresos fiscales, todavía el 10% del efectivo que recauda el erario del país norteamericano proviene de Petróleos Mexicanos, una de las petroleras más endeudadas del planeta.
«El deterioro del perfil crediticio individual de Pemex es principalmente el resultado de una distribución excesiva de fondos al Gobierno mexicano», subraya la calificadora en un comunicado. «El balance general de la compañía se ha debilitado constantemente, con un crecimiento significativo en la deuda y capital contable negativo desde 2009», añaden los técnicos de Fitch. La baja inversión y el agotamiento de algunos de sus principales yacimientos, como Cantarell, han provocado en la última década un declive constante en los bombeos de crudo por parte de Pemex, que ha pasado de 3,4 millones de barriles diarios en 2004 a 1,8 millones hoy.
La rebaja de la nota crediticia de la petrolera mexicana llega en un momento de incertidumbre en el sector energético del país latinoamericano. Tras la reforma aprobada en el sexenio pasado, que permitió la llegada de inversión privada —en muchos casos, proveniente del exterior— después de más de siete décadas de monopolio de Pemex, el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha puesto en duda los beneficios de ese profundo cambio en el mercado petrolero, ha apostado por el rescate de la petrolera —para la que ha aumentado el presupuesto este año— y ha centrado buena parte de sus esfuerzos en la reactivación y puesta en marcha de nuevas refinerías para poner fin a la dependencia de gasolina estadounidense.
Un día antes de que se conociese la decisión de Fitch, la Secretaría de Hacienda había anunciado la puesta en marcha de una serie de beneficios fiscales para Pemex que se destinarán a fortalecer las inversiones en exploración y producción. Pero ni esa medida ni el aumento del presupuesto de la petrolera bastan para la calificadora con sede en Nueva York. «La medida recientemente anunciada por el Gobierno mexicano para apoyar a Pemex no es suficiente para contrarrestar el reciente deterioro en el perfil crediticio individual de la compañía», agrega.
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En octubre del año pasado, Fitch mantuvo la calificación en BBB+, pero rebajó su perspectiva de estable a negativa y alertó del “deterioro” del perfil de la deuda de Pemex y de la «creciente incertidumbre» sobre la estrategia futura de negocios de Pemex, «que podría alcanzar una calificación CCC». Dos meses antes, otra de las tres grandes agencias de calificación, Moody’s, advertía a López Obrador, de que si seguía adelante con su estrategia de invertir en nuevas refinerías en lugar de centrarse en exploración y producción —las líneas de negocio más rentables de la petrolera estatal—, pondría en riesgo su nota crediticia. «Es un riesgo para las finanzas públicas [mexicanas] que Pemex genere menos utilidad», concluía.
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