Zaida Mamani Clemente es oriunda de Chuquisaca, Bolivia. Emigró a sus 19 años a Argentina en búsqueda de oportunidades, pero su vida dio un giro inesperado en 2019. En enero de ese año, su hija Joselin Nayla, de 10 años, fue asesinada con 40 puñaladas en una vivienda del barrio 14 de Febrero de Longchamps, zona sur del Gran Buenos Aires.
La boliviana, de 37 años, vive un calvario. Los sospechosos del crimen de su hija fueron liberados, la Fiscalía imputó en octubre de 2021 a Zaida y ahora ella vende bolsas de tela sintética para cubrir los honorarios de su abogado y otros gastos que demanda la causa que sigue en búsqueda de justicia.
Para los colectivos y movimientos que defienden los derechos y acompañan a Zaida, la boliviana está siendo “criminalizada por ser mujer, migrante y de escasos recursos económicos”. Creen que la causa quedó “estancada” y su salida fue imputar a la madre de la víctima.
Durante más de tres años, Zaida no tuvo acceso al expediente, pese a que constantemente visitaba los tribunales para conocer los avances de la investigación. El abogado que le asignó el Estado no acompañaba su proceso. La mujer se vio obligada a solicitar los servicios de un jurista que la ayude a buscar justicia para su niña y para ella. Desde hace unos tres meses recibe acompañamiento privado, pero necesita ayuda para solventar su lucha. Decidió ofrecer en venta bolsas de compras. También socializó sus datos para las personas que puedan apoyarla: Su Clave Virtual Uniforme (CVU) es 0000003100068200233008, zaida.cra.mamani.mp, CUIT/CUIL 27947129754 (mercado pago).
Zaida no se da por vencida. Su abogado solicitó su sobreseimiento, pero un juez rechazó la petición. Los colectivos y movimientos que creen en su inocencia y están acompañándola han organizados movilizaciones y marchas en inmediaciones de los tribunales de Lomas de Zamora pidiendo justicia. “El sistema judicial prefiere criminalizar a una mujer migrante, originaria y pobre antes de investigar”, dicen los pronunciamientos de las agrupaciones.
EL CRIMEN
La vida de Zaida cambió a partir del asesinato de su hija Joselin Nayla. El 7 de enero de 2019, la mujer debía ir al cajero para cobrar la “asignación mensual” porque ya no tenían dinero. Su niña quiso quedarse en casa jugando con sus perritos porque sabía que iban a demorar por las filas.
Zaida salió de su hogar, al promediar las 10:00, pero no sin antes recomendarle a su hija que no le abra la puerta a nadie y que no atienda el negocio de artículos de limpieza que tenían en su casa. La boliviana volvió a su domicilio cerca de mediodía. Se encontró con un vecino que estaba yendo a la verdulería del barrio y luego se percató que el portón de su casa estaba abierto. Entró y vio unas manchas de sangre en el patio y luego escuchó unos quejidos desde el interior del inmueble. Su niña estaba agonizando en la cocina. Zaida salió a buscar ayuda y encontró al vecino que había saludado minutos antes, quien entró a su hogar, pero no pudo hacer mucho porque el ataque a Joselin fue extremadamente violento. Uno de los crímenes más dolorosos que se ha registrado en Argentina.
La niña ya había perdido la vida cuando llegaron los policías y la ambulancia. Los uniformados hicieron el levantamiento legal del cadáver y procesaron la escena del crimen. Zaida vio una huella, entre las manchas de sangre, en el patio. Se dio cuenta que no correspondía a las zapatillas de su hija ni suyas y pidió al investigador que las tome en cuenta a fin de esclarecer la muerte de su hija.
EL EXPEDIENTE
Zaida contó que la Fiscalía le habló – a lo largo de estos años – de siete sospechosos del macabro crimen de su hija, entre ellos su expareja Carlos C., pero no hay encarcelados.
La boliviana sospechaba de su exconcubino, con quien vivió unos nueve años, porque alguna vez le amenazó con “lastimarla donde más le duela” y para ella su único tesoro era su hija. Su relación con Carlos C. terminó unos seis meses antes del asesinato de Joselin.
El acompañamiento de su abogado privado le permitió acceder al cuaderno de investigaciones. Hace poco revisó las declaraciones testificales, entre ellas de Rocío Belén V. y Jhonathan M., quienes eran pareja en 2019, cuando ocurrió el crimen.
Para Zaida, ellos son los verdaderos asesinos de su niña, pero la Fiscalía solo los citó a declarar y no siguió una investigación más profunda en su contra. La boliviana dijo que Rocío Belén era su vecina y frecuentaba su tienda. Esa mujer la visitó el domingo 13 de enero, un día antes del asesinato, y le contó que tenía problemas económicos, además de pedirle dinero prestado. Zaida tomó una de sus bolsas y le obsequió algunos víveres.
Ella está segura de que Rocío tiene que ver con el crimen. Leyó en su declaración que la joven ingresó a su casa el lunes 14 de enero, mientras ella estaba en el banco. Supuestamente vio la puerta entreabierta y, como nadie respondía a su llamado, entró para devolverle la bolsa que le había prestado y encontró a la niña ensangrentada y agonizando. Resbaló y se manchó las zapatillas con sangre, y le pidió a su pareja Jhonathan M. que le ayude a quitar esas manchas, pero él se negó. Terminó quemando sus zapatos en la casa de su padre.
Rocío dijo que intentó comunicarse telefónicamente con Zaida para hacerle conocer que su hija estaba gravemente herida, pero la boliviana no recibió ninguna llamada suya.
Zaida dice que la joven entró en contradicciones. Su vecina no tenía celular y nunca le otorgó su número telefónico. También cuestionó que no haya buscado ayuda en los vecinos tras haber hallado a la niña con múltiples heridas punzocortantes. La bolsa que supuestamente llevó para devolver nunca fue encontrada en el domicilio.
Presume que Rocío Belén quiso robar en la tienda y, por ese motivo, atacó a su niña. Tras conocer las declaraciones de esa pareja, la boliviana solicitó que fuera investigada para esclarecer la causa, pero aún no ha recibido respuesta.
Zaida dice que luchará hasta encontrar justicia. Actualmente, tiene siete meses de embarazo y enfrenta el proceso en su contra, tipificado como homicidio agravado. Su esposo Rubén C. es su apoyo.
Opinión






Comentarios