AHORADIGITAL.- El párroco y psicoterapeuta del penal de Morros Blancos, Miguel Sotelo, alertó que la cárcel de Tarija ha triplicado su población en una década, alcanzando los 1.400 internos, calificando el recinto como un reflejo de una «sociedad enferma», donde el hacinamiento y la falta de políticas de prevención desde la infancia impiden cualquier posibilidad de rehabilitación. Según el religioso, el sistema judicial y carcelario no sana las heridas de los delincuentes, provocando que la mayoría salga en peores condiciones o reincida hasta morir por enfermedades.
Respecto a las causas de encierro, Sotelo reveló que la gran mayoría de la población penal cumple condena por crímenes contra la libertad sexual. «La mayoría, casi el 75% son problemas sexuales: acoso sexual, violación sexual, feminicidio, incesto… Son los delitos mayores que hay. Yo creo que en todas las cárceles de Bolivia», afirmó de manera fidedigna, atribuyendo estos hechos a traumas no tratados y a la degradación de la estructura familiar en el país.
La denuncia más grave del sacerdote se centró en la corrupción interna y el rol de la policía. Sotelo aseguró que los efectivos están formados para reprimir y no para acompañar, señalando que el control de la cárcel se basa en el poder adquisitivo de los presos. «Ahí todo es dinero. Si usted paga para entrar, paga para salir, paga para hacer un papel… Si paga, no pasa nada. Si no paga, pues pasa todo», sentenció literalmente, mencionando incluso el ingreso de sustancias y prostitución bajo cobros ilícitos a altas horas de la madrugada.
En cuanto al estado sanitario, el panorama es crítico y el párroco informó que el penal se ha convertido en un foco de enfermedades graves y trastornos mentales desatendidos. Actualmente, se registran más de 20 casos de tuberculosis y al menos 15 internos con esquizofrenia y neurosis agravadas por el consumo de alcohol y drogas dentro del recinto. Sotelo lamentó que el ambiente carcelario actual, lejos de ayudar, profundiza las patologías de los reclusos hasta llevarlos a la muerte o a la demencia.
Finalmente, el Padre Miguel Sotelo propuso la profesionalización del servicio penitenciario, sugiriendo que la policía debería ser retirada del control interno y reemplazada por funcionarios con carrera técnica en rehabilitación social.
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