Lucas llegó del colegio con la noticia de todos los días: “Valentino me pegó”. Su papá olvidó todas las recomendaciones del caso y, sin pensarlo, le respondió: “Si te pega, se la devolvés”. Esta dinámica suele ser frecuente cuando adultos y niños sienten que se quedaron sin soluciones posibles. Pero, ¿es la reacción adecuada?
“Por más de que querramos proteger a nuestros hijos e hijas de posibles problemas o adversidades y eliminar las dificultades que pueden llegar a presentarse en su día a día, el conflicto (ya sea una discusión con algún compañero o una pelea entre grupos en la escuela) estará presente en más de una ocasión en sus vidas, ya que el mismo forma parte de las relaciones humanas”, explicó a Clarín la psicóloga infantil María Laura Lezaeta.
“La existencia del conflicto forma parte de la vida y el modo en que acompañemos a nuestros hijos a enfrentarse a él será fundamental en este aprendizaje que implica brindarles las herramientas y recursos para que puedan aprender a resolverlo de manera sana y asertiva”, añadió.
El conflicto en el proceso de socialización de los niños

Más de una vez los chicos se enfrentarán a situaciones de tensión con compañeros que piensan diferente a ellos. Foto ilustración Shutterstock.

Según Lezaeta, “como madres y padres tenemos que tener en cuenta que en su proceso de socialización nuestros hijos transitarán por desafíos que implicarán poner en práctica una serie de habilidades sociales tales como iniciar y mantener una conversación; tener una actitud empática hacia las demás personas; expresarse y defenderse de manera asertiva cuando alguien los agreda (ya sea de manera fisica o verbal) y respetar la opinión de los otros, entre otras tantas habilidades más”.
Invitarlos a agredir, entonces, no será la respuesta correcta. “Ellos desarrollarán gran parte de todo este conjunto de destrezas y habilidades a través de los modelos de aprendizaje que les transmitimos mediante nuestro ejemplo y nuestro accionar en las situaciones del día a día”.
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La psicóloga explicó así que “si a la hora de resolver un conflicto nosotros apelamos a acciones como descalificar, humillar o gritar; o ante situaciones de pelea que hayan vivenciado en la escuela y nos compartan respondemos ‘si te pega, se la devolvés’ o les expresamos que nosotros nos defendíamos de esa manera, ellos tenderán a replicar los mismos patrones de comportamiento”.
“El ámbito de la escuela, más específicamente el aula, es un espacio de convivencia en el que nuestros hijos e hijas van aprendiendo día tras día a vincularse con otros niños y niñas que tienen sus propias opiniones, intereses, cualidades, etcétera”, destacó la especialista.
En ese marco, agregó, más de una vez los chicos “se enfrentarán a situaciones de tensión con compañeros que piensan diferente a ellos: por ejemplo, cuando no logren ponerse de acuerdo a la hora de tomar una decisión en conjunto o cuando un compañero reaccione de manera inadecuada.
Si la respuesta a estas experiencias es que deben golpear al otro, “el mensaje que les estaremos transmitiendo es que el camino para resolver un conflicto es apelar a la violencia, siendo esta vía altamente perjudicial y dañina”, dijo Lezaeta.
Entonces, ¿qué hacemos?
“Nuestra mirada y nuestro accionar tienen que estar puestos en ver dichos conflictos como oportunidades de aprendizaje a través de las cuales podamos enseñarles habilidades socioemocionales que les permitirán afrontar dichos conflictos”, destacó la psicóloga infantil.
“La existencia del conflicto forma parte de la vida: el modo en que a acompañemos a nuestros hijos a enfrentarse a él será fundamental en este aprendizaje que no es ni más ni menos que educarlos para la vida”.
En ese contexto, recomendó:
- Transmitirles que el camino para resolver un problema es a través del diálogo, nunca apelando a la violencia. Es importante expresarles de manera explícita que toda agresión es inadmisible.
- Enseñarles habilidades en la resolución de conflictos, como por ejemplo desarrollar la capacidad de poder escuchar a los demás de manera empática y expresar ideas y sentimientos de manera constructiva y asertiva.
- Educarlos en valores para la vida.

Es importante enseñarles habilidades en la resolución de conflictos. Foto ilustración Shutterstock.

- Transmitirles límites sobre cómo actuar ante la situaciones y contextos que transiten.
- Ser la «brújula» que los guíe en el camino de comprender que hay conductas que son inadmisibles, como por ejemplo dañar al otro, ya sea física o verbalmente.
- Brindarles las herramientas necesarias para que desarrollen habilidades emocionales y sociales que les permitirán construir vínculos sanos y sólidos.
- Criarlos para que crezcan siendo personas responsables que puedan, progresivamente, aprender a ser conscientes de las consecuencias de sus acciones y asumir la responsabilidad de lo que pueden provocar sus actos en los demás.
- Ayudarlos a desarrollar un pensamiento crítico para que puedan «frenar» situaciones de violencia o injusticia que presencien en su entorno.
Clarín













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