Rodrigo Paz apuesta por negociar directamente con diputados y senadores, una estrategia que podría facilitar mayorías, pero que ya encuentra resistencia entre las bancadas opositoras.
La fórmula pone sobre la mesa una pregunta política: ¿puede el Gobierno construir gobernabilidad con legisladores individuales sin debilitar todavía más a los partidos?
El debate fue abordado en Piedra, Papel y Tinta por las senadoras Claudia Mallón y Tomasa Yarhui y el diputado Carlos Alarcón.
Los tres cuestionaron la posibilidad de sustituir las negociaciones con bancadas y dirigentes por acuerdos particulares con cada representante.
Paz busca gobernabilidad directamente con asambleístas
Mallón, jefa de bancada de APB Súmate en el Senado, advirtió que excluir a los líderes políticos puede afectar la institucionalidad partidaria.
Para la legisladora, diputados y senadores llegaron a la Asamblea mediante organizaciones políticas y deben responder también al voto que los llevó a sus curules.
“Los senadores y diputados tendrían que respetar sus partidos, pero sobre todo el voto de quienes los llevaron”, afirmó.
Tomasa Yarhui, jefa de bancada de Libre, cuestionó igualmente una eventual coordinación individual entre el Ejecutivo y los parlamentarios.
Según Yarhui, trabajar “uno por uno” debilitaría la estructura de las bancadas y podría generar un quiebre dentro de la Asamblea Legislativa.
La senadora planteó que el Gobierno debería convocar a los jefes de bancada y transparentar públicamente los acuerdos sobre las leyes.
El riesgo del transfugio entra al debate
Carlos Alarcón, diputado de Alianza Unidad, fue más allá y vinculó la estrategia presidencial con el deterioro histórico del sistema de partidos.
Consideró “desafortunado” anunciar conversaciones diputado por diputado o senador por senador y pidió fortalecer nuevamente las organizaciones políticas.
También diferenció la discrepancia legítima dentro de una bancada de los acuerdos condicionados por beneficios personales.
Un legislador, explicó, puede apartarse de la posición partidaria durante un debate público y justificar su voto frente a la sociedad.
Distinto sería, sostuvo, obtener apoyo mediante cargos, beneficios o favores, prácticas que calificó como destructivas para la democracia.
Yarhui también reclamó transparencia sobre las condiciones bajo las cuales cada legislador podría respaldar las iniciativas gubernamentales.
Alianza Libre, además, aseguró tener identificados parlamentarios que se alejaron de las directrices de la alianza, aunque todavía no hizo públicos sus nombres.
La Ley de Inversiones será una primera prueba
La nueva estrategia llegará rápidamente a un escenario concreto: el tratamiento de las leyes anunciadas por el Ejecutivo.
Entre ellas figura la Ley de Inversiones, cuyo contenido todavía no era conocido por los entrevistados al momento del programa.
Alarcón pidió que el proyecto sea publicado y debatido abiertamente antes de buscar respaldos parlamentarios.
“La Asamblea” debe funcionar, según su planteamiento, mediante deliberación pública y no con negociaciones realizadas fuera del debate legislativo.
Ver también: Diputados tratará esta semana informes sobre corrupción en YPFB y el caso ‘maletas’
¿Gobernabilidad o desinstitucionalización?
El Gobierno puede encontrar en los acuerdos individuales una vía para reunir los votos necesarios ante una Asamblea políticamente fragmentada.
Sin embargo, las bancadas opositoras plantean que sumar votos no necesariamente equivale a construir una mayoría política estable.
Mallón señaló que APB Súmate puede respaldar iniciativas necesarias sin convertirse por ello en aliado del Ejecutivo.
Defendió que esos apoyos deben responder al contenido de cada norma y producirse de manera transparente.
La disputa, por tanto, supera el número de votos que pueda conseguir Paz.
El verdadero examen será comprobar si su estrategia permite aprobar leyes manteniendo reglas transparentes o profundiza la fragmentación del sistema partidario.
La Ley de Inversiones y el resto del paquete legislativo permitirán observar por primera vez cómo funcionará esa gobernabilidad voto por voto.
La Razón




