La crisis del combustible en Bolivia sigue generando caos y afectando la vida cotidiana de miles de ciudadanos. En Santa Cruz de la Sierra, las largas filas en los surtidores se han convertido en una rutina que obliga a muchas personas a dejar de trabajar, pedir permisos laborales e incluso pasar la noche en sus vehículos para asegurarse de abastecerse de gasolina o diésel.
“Desde la medianoche vine a hacer fila”, comenta un conductor, mientras otro relató: “Estoy desde las 19:00”. Las escenas de desesperación se repiten en distintos puntos de la ciudad, donde las filas avanzan lentamente y la incertidumbre crece.
Para muchos, la espera significa sacrificar su vida familiar y laboral. “Dejamos a nuestros hijos, a la familia, tienen que ir al colegio, el trabajo… Es un perjuicio fatal”, señala un vecino afectado. Otro conductor, molesto por la situación, expresa: “He dejado de ir a trabajar para hacer fila para la gasolina. Esto ya es demasiado”.
Los afectados exigen al Gobierno nacional una pronta solución y critican la falta de medidas concretas para atender el problema. “Tienen que dar soluciones en lugar de pelear entre ellos”, reclama un conductor. Mientras tanto, el malestar social sigue en aumento y la paciencia de la población se agota.








