Tras un 2024 difícil en el contexto económico, el Gobierno boliviano apuesta por una recuperación en el año del Bicentenario del país. Sus proyecciones de crecimiento incluso superan las estimaciones realizadas por organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). A diferencia de estas instituciones, la administración de Luis Arce Catacora estima un crecimiento del 3,51% para 2025.
Este dato va a contracorriente de los recientes informes del FMI y la Cepal, que estimaron una tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de Bolivia del 2,2%. Por su parte, el Banco Mundial anticipó una tasa más conservadora del 1,5%. A la luz de estos datos, el Estado boliviano proyecta casi el doble de crecimiento para ese año.

Para los especialistas consultados por EL DEBER, esta discrepancia genera inquietudes sobre la fiabilidad de los datos oficiales, ya que un exceso de optimismo podría derivar en presupuestos alejados de la realidad, afectando la sostenibilidad fiscal y económica del país.
Esta alerta surge porque el entorno económico de Bolivia está condicionado por varios factores, entre ellos el déficit fiscal y el endeudamiento. El Presupuesto General del Estado (PGE) proyecta un déficit fiscal superior al 9%, exacerbado por gastos crecientes en subsidios y una limitada capacidad de recaudación tributaria.
A esto se suman la inflación y el tipo de cambio. La primera variable podría mantenerse alta, con riesgos de devaluación del tipo de cambio debido a la reducción de reservas internacionales y las presiones sobre el mercado cambiario.
Otro factor negativo es el riesgo país, que supera los 2.000 puntos básicos. Esto implica que Bolivia enfrenta altos costos de financiamiento en comparación con sus países vecinos.
Proyección irreal
El economista Germán Molina señaló que las proyecciones gubernamentales son excesivamente optimistas y distantes de la realidad.
“El gobierno plantea un crecimiento de 3,51% para este año, pero eso no se va a cumplir. El rango real estará entre el 1% y 2%, con suerte un poco más”, afirmó.
Según el economista, la inversión pública proyectada para este año, superior a los $us 4.000 millones, no alcanzará ni el 50% de ejecución. Esto se debe, entre otros factores, a que “no se ha desembolsado crédito externo porque no se aprobó en la Asamblea, y no se han hecho nuevos emprendimientos en el sector privado por la aversión al riesgo”.
Además, el consumo de los hogares ha disminuido, lo que debilita aún más la demanda interna.
Molina hizo notar que aún no se publican las cifras sobre crecimiento del 2024, por eso alertó sobre la posibilidad de que el gobierno recurra a “contabilidad económica creativa” para mitigar la percepción de una caída en el crecimiento económico.
“Van a buscar de alguna forma maquillar la caída del crecimiento de la economía en 2024 para no darle la razón al Banco Mundial ni al FMI”, explicó.
Hizo notar que las decisiones económicas del gobierno estarán condicionadas por el contexto electoral. “El gobierno hará todo lo posible con el presupuesto para que sus adherentes y otros ciudadanos continúen apoyando. Ejemplo de esto fue la reciente negociación para mantener el precio del pan, que incluyó millonarios subsidios”, dijo.
El economista también prevé que el gobierno evitará medidas impopulares, como congelar el salario mínimo o reducir los bonos sociales.
El economista Napoleón Pacheco cuestionó las cifras del gobierno calificándolas como “exageradamente optimistas”. Subrayó que, pese a la recuperación parcial en sectores como la minería, la realidad económica está lejos de sostener las expectativas planteadas oficialmente.
“Cuando uno revisa la composición de la economía, especialmente el nivel de inversión o formación bruta de capital fijo, este indicador ha estado cayendo de manera constante a lo largo del año. Es el indicador más importante para el Producto Interno Bruto (PIB), y su bajo nivel refleja que la inversión es mínima”, explicó.
El economista alertó que, incluso en un escenario de crecimiento económico, este sería marginal.
“Si existe crecimiento económico real, será mínimo y tal vez no pase del 1%”, señaló.
Pacheco destacó que el gobierno parece haber priorizado el aumento del gasto público como motor de la economía, en lugar de impulsar la inversión privada o pública en sectores estratégicos. “El gasto público es la variable clave en las políticas del gobierno, pero no genera un impacto significativo en el crecimiento del PIB a largo plazo”, afirmó.
Otra metodología
Ante las proyecciones organismo internacionales y cuestionamientos de especialistas, desde el ministerio de Economía y Finanzas, expresaron su desacuerdo con estas previsiones, señalando que “los organismos internacionales utilizan metodologías muy generales que frecuentemente subestiman la resiliencia y capacidad de crecimiento de la economía boliviana”.
El Gobierno hizo notar que por ejemplo en 2023, cuando las instituciones internacionales proyectaron un crecimiento de entre el 1,8% y el 2,2%, pero el Producto Interno Bruto (PIB) real del país creció un 3,1%, posicionándose como el tercero con mayor dinamismo en América del Sur.
“Para 2024, las estimaciones internacionales también parecen conservadoras, ya que los datos del primer semestre muestran un crecimiento acumulado del 2,6%, superando las expectativas”, dijo.
Esta cartera de Estado este optimismo está respaldado por una serie de iniciativas clave orientadas a impulsar sectores productivos.
Entre ellas, destaca la reactivación del sector minero y el inicio de operaciones de la planta siderúrgica del Mutún, proyectos que buscan potenciar la capacidad industrial y aumentar la generación de recursos de parte del Estado.

Además, la inauguración de la planta de biocombustibles FAME 2 en marzo de 2024 se perfila como una apuesta estratégica para diversificar la matriz energética y fomentar la sostenibilidad.
Desde esta cartera de Estado indicaron también que “estos proyectos buscan aprovechar las potencialidades productivas regionales, generar mayores ingresos y empleo, y garantizar un desarrollo sostenible para el país”.
No obstante, Pacheco planteó serias dudas sobre el impacto real de estas iniciativas.
“Respecto al Mutún, el combustible fundamental para su funcionamiento es el gas, cuya producción está disminuyendo constantemente. ¿Cómo van a alimentar esa producción si no hay suficiente gas?”, cuestionó.
En cuanto a los biocombustibles, señaló que su producción está lejos de alcanzar niveles que puedan sustituir un porcentaje significativo de las importaciones de combustibles fósiles.
No obstante, desde el Poder Ejecutivo indicaron que desde 2021, se viene impulsando una política de industrialización con sustitución de importaciones con la implementación de más de 170 plantas en las diferentes regiones.
“Es importante destacar que la industrialización conlleva un proceso que no ha sido fácil, pero es el camino correcto para garantizar un futuro sostenible, fortalecer la economía, generar fuentes de empleo y el bienestar para la población”, indicaron.
Desde el Ministerio de Economía hicieron notar que la incorporación de Bolivia al Mercosur y su reciente aceptación en el bloque BRICS, abren nuevas oportunidades comerciales y de cooperación internacional.
“Este escenario favorable se ve complementado por las mejores condiciones climáticas previstas, tras superar los efectos adversos de fenómenos como La Niña y El Niño en años anteriores, lo que también contribuirá al desempeño económico proyectado”, indicaron de este ministerio.
No obstante, Pacheco se mantiene escéptico, y cree que el 2025 podría ser similar al año anterior, con un crecimiento económico marginal y sustentado en fundamentos débiles.
“El gobierno pinta un panorama demasiado optimista, pero no toma en cuenta factores clave como la caída de la inversión, el agotamiento de recursos en sectores estratégicos y la falta de nuevos proyectos”, dijo.
PARA SABER
Reporte global
Según el Banco Mundial, se espera que el mundo crezca un 2,7%, luego de crecer un 2,6% el año pasado. Las economías avanzadas crecerían a un ritmo más lento, de en torno al 1,7%. Se espera que el crecimiento de las economías en desarrollo se mantenga estable en alrededor del 4 % durante los próximos dos años.
Otras regiones
Los mercados emergentes y las economías en desarrollo apuntan a un crecimiento del 4%. De América Latina y el Caribe espera un crecimiento del 2,7%.
EL DEBER








