Por Gonzalo Chávez.-
Una nueva disciplina económica parece haberse instalado en Bolivia: la economía de la calculadora cambiaria. Funciona así: tome un salario de Bs 3.300, divídalo entre 6,96 y obtendrá USD 474. Ahora divídalo entre 11 y obtendrá USD 300. ¡Saaas! Con una división, el trabajador acaba de “perder” casi 37% de su poder adquisitivo.
¡Cajjj! Y por la misma alquimia cambiaria, los ingresos de los pensionistas también habrían perdido 37%. Así, en este entrañable paisaje llamado Bolivia, millones despiertan convertidos súbitamente en 37% más pobres porque alguien dividió sus bolivianos entre 11. Satanás Dólar, imperialista y puntual, habría vuelto a comerse el bolsillo nacional.
El procedimiento tiene apenas un pequeño inconveniente: confunde poder adquisitivo interno con poder de compra en dólares. Si usted gana en bolivianos y compra pan, papa, carne, transporte y servicios en bolivianos, su capacidad de compra depende fundamentalmente de cuánto hayan subido esos precios, es decir, de la inflación.
Naturalmente, si debe pagar un alquiler en dólares, importar una computadora o mandar a su hijo al exterior, la depreciación le cae encima con toda su santa contundencia. Pero para medir cuánto puede comprar dentro del país con su salario, convertirlo mecánicamente a dólares es tan sofisticado como medir la fiebre preguntando cuánto cuesta el termómetro.
Esto tampoco significa que la depreciación sea inocente. Puede encarecer importaciones e insumos y terminar contaminando los precios internos mediante el famoso pass-through cambiario. Pero, cuando eso ocurre, el dólar golpea al bolsillo a través de la inflación. No existe una ley económica que diga que una depreciación de 37% reduzca automáticamente en 37% el poder adquisitivo de todos los bolivianos.
Por tanto, Bs 3.300 que antes equivalían a USD 474 y hoy representan USD 300 nos dicen algo perfectamente válido: el boliviano perdió valor frente al dólar. Punto. Para saber cuánto perdió realmente el trabajador hay que preguntar cuánto pan, carne, alquiler, transporte y servicios compraban esos Bs 3.300 antes y cuánto compran ahora.
Pero claro, eso exige mirar precios, canastas de consumo, inflación y transmisión cambiaria. Dividir 3.300 entre 11 es muchísimo más fácil.
Por si acaso Nostradamus Chávez deja escrita su profecía:
“Cuando todos conviertan el salario a dólares para medir cuánto se empobreció la gente, vendrán tiempos de gran confusión. Porque una cosa será que suba Satanás Dólar y otra, bastante más dolorosa, que suban el pan, la carne, el alquiler y la salteña”.
Y en aquellos días oscuros, el pueblo descubrirá una verdad olvidada:
La calculadora sabe dividir.Pero todavía no sabe economía.
Gonzalo Chavez es economista







