Ahoradigital – El aumento del costo del diésel ya comienza a reflejarse en la economía cotidiana de los mercados de La Paz. Comerciantes y cocineras reportan incrementos en varios productos utilizados para preparar los tradicionales almuerzos, mientras los consumidores aseguran que cada vez deben ajustar más sus gastos.
En el mercado Camacho, una de las comerciantes explicó que productos básicos como la papa, cebolla, arroz, fideo y aceite registraron variaciones importantes en sus precios.
Según su testimonio, la arroba de papa llegó a Bs 90, la cebolla se comercializa hasta en Bs 60 y el arroz supera los Bs 380 por arroba. También señaló que el aceite pasó de Bs 15,50 a Bs 22 por litro y que el fideo habría registrado incrementos de hasta el doble o triple.
Pese a este escenario, las cocineras decidieron mantener el precio del almuerzo en Bs 15, principalmente para evitar que una subida termine alejando a sus clientes. Los platos extras tienen un costo de Bs 25.
“Por mantener el cliente seguimos con los precios”, explicó una de las comerciantes consultadas.
El problema también alcanza a quienes dependen diariamente de estos mercados para alimentarse. Estudiantes y familias aseguran que deben reorganizar sus gastos para poder cubrir el costo de un almuerzo y otros productos de primera necesidad.
Una estudiante consultada señaló que, si el precio del menú también aumenta, el dinero destinado a la alimentación podría resultar insuficiente.
El incremento de los costos de transporte comenzó a generar presión sobre distintos productos que llegan desde otras regiones. Comerciantes de La Paz ya habían reportado variaciones en verduras, frutas y otros alimentos, atribuyendo parte de estos movimientos al mayor costo del transporte después del incremento del precio del diésel.
El escenario deja una preocupación adicional para los consumidores: aunque algunos vendedores todavía mantienen determinados precios para no perder clientes, el costo de las próximas cargas podría trasladarse nuevamente al consumidor final.
Así, el impacto del nuevo precio del combustible comienza a sentirse no solo en el transporte, sino también en uno de los gastos más cotidianos de las familias: la alimentación.
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