Una alianza de países liderada por Costa Rica y Dinamarca anunció ayer su intención de acabar con la producción de gas y petróleo, una nueva iniciativa durante unas negociaciones atascadas en la COP26 sobre el cambio climático.
La Beyond Oil and Gas Alliance (BOGA) arranca con 12 miembros, entre ellos, Francia, Suecia y Portugal, además de territorios subnacionales como California.
Todos se comprometen a cesar de explorar y producir gas y petróleo, responsables de la mayor parte de las emisiones de carbono que están elevando la temperatura del planeta. “Tenemos que empezar esta conversación, debemos ver medidas concretas. Estamos oyendo al mundo más allá de estas paredes”, dijo la ministra de Ambiente y Energía costarricense, Andrea Meza.
“Las promesas suenan vacías cuando la industria de las energías fósiles continúa recibiendo miles de millones en subvenciones (…) o cuando los países continúan construyendo centrales de carbón”, añadió luego en un acto el secretario general de la ONU, Antonio Guterres.
Los casi 200 países presentes en la COP26 se encuentran inmersos en las negociaciones para sacar un documento este viernes que eleve la ambición y los compromisos para mantener el calentamiento del planeta idealmente en +1,5 °C, y eso pasa ineluctablemente por reducir radicalmente las emisiones.
El petróleo y el gas representan el 90% de las emisiones de CO2.
La COP26 de Glasgow tiene como misión desarrollar el histórico Acuerdo de París de hace seis años. El borrador es objeto de forcejeos. Por ejemplo, con una mención específica a los combustibles fósiles que desagrada a países productores.
“Hay muchas reservas de petróleo y gas y necesitamos decidir qué vamos a hacer con ellas. Tienen que darse decisiones políticas complejas”, explicó la ministra costarricense durante una pausa.
Tras presentar la alianza BOGA, la ministra volvió a su tarea de coordinar las negociaciones y dar coherencia al complejo documento final de la COP26.
La conferencia debe concluir el viernes con un documento que incluya además las reglas de vigilancia mutua, de transparencia, de armonización de fechas y la manera en como presentan los países sus objetivos climáticos, además de cómo se indemnizan las pérdidas que sufren y quién paga todo eso.
La financiación está siendo un serio escollo, como atestigua el borrador, lleno de corchetes.
La presidencia de la COP dividió, como es habitual, la negociación por sectores, y encargó a Meza dar coherencia al texto final.
“Hay una serie de economías emergentes que ya no pueden ser tratadas como países en vías de desarrollo y esas son conversaciones no resueltas, de mucha geopolítica. Eso es lo que hace, creo yo, tan complejo siempre el tema de financiamiento y es sin duda uno de esos temas que cierra o dificulta muchos de los cuartos” donde se está negociando, explicó Meza.
“Especialmente el financiamiento para adaptación, que es muy importante para la mayoría de los países”, explicó.
Ante el calentamiento, que modifica irreversiblemente el clima del planeta, los responsables políticos tienen básicamente dos políticas encima de la mesa, la mitigación (reducir emisiones) o la adaptación (como por ejemplo construir presas).
El mundo desarrollado oficialmente se fijó un monto de $us 100 mil millones anuales para ayudar a los países en desarrollo a afrontar la gigantesca tarea de recortar sus emisiones de gases y para adaptarse a los cambios que vienen. Esa cifra es una base, insisten los países pobres. Y además, el Acuerdo de París ya preveía que había que renegociarla para después de 2025.
“Para llegar al objetivo de 1,5 °C…, sabemos que ya hemos gastado el 50% del presupuesto de carbono”, es decir, de emisiones, criticó en rueda de prensa Diego Pacheco, jefe negociador boliviano y actual portavoz del denominado Grupo de Países de Ideas Afines (LMDC).
Tomado de AFP
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