Ahoradigital – Un grupo internacional de científicos lanzó una advertencia sobre los efectos que podría tener el uso excesivo de la inteligencia artificial en las capacidades cognitivas humanas. Un estudio plantea que los modelos de lenguaje podrían expandirse en la sociedad de manera similar a un “contagio social” y generar dependencia tecnológica.
La investigación, difundida en ArXiv y todavía sin revisión por pares, fue elaborada por científicos vinculados a instituciones como la Universitat Pompeu Fabra, la Universidad de Tufts y Harvard. El trabajo analiza la creciente incorporación de los modelos de lenguaje (LLM) en actividades cotidianas como escribir, investigar, resumir, programar y tomar decisiones.
Los investigadores utilizan la expresión “virus cognitivo” como una analogía. No sostienen que la inteligencia artificial sea una enfermedad, sino que comparan su rápida adopción con los mecanismos mediante los cuales determinadas prácticas se transmiten entre las personas.
El riesgo de delegar demasiado
El estudio advierte que el problema podría aparecer cuando las personas comienzan a delegar de manera constante tareas que anteriormente exigían esfuerzo intelectual propio.
Redactar, analizar información, resolver problemas, verificar datos o construir argumentos son algunas de las actividades que pueden quedar progresivamente en manos de una IA.
Según el modelo planteado por los investigadores, si la adopción supera determinado umbral, podría producirse un cambio acelerado hacia una dependencia persistente, acompañado por una disminución de determinadas capacidades cognitivas.
El fenómeno también tendría un componente social: las personas aprenden de otras, mientras escuelas, empresas e instituciones incorporan cada vez más estas herramientas, haciendo que su utilización se vuelva una práctica habitual.
No plantean abandonar la inteligencia artificial
Los científicos aclaran que el estudio no propone rechazar la IA. Por el contrario, reconocen que los modelos de lenguaje pueden ampliar el acceso al conocimiento y aumentar la productividad.
La diferencia estaría en cómo se utilizan.
Una IA puede funcionar como una extensión de las capacidades humanas, ayudando a buscar información o explorar alternativas, pero también puede terminar sustituyendo el esfuerzo mental necesario para desarrollar determinadas habilidades.
Por ello, los investigadores plantean la necesidad de mantener una especie de “inmunización cognitiva”, basada en conservar espacios donde las personas continúen resolviendo problemas sin asistencia, verificando información, escribiendo y razonando de manera independiente.
El objetivo, según el trabajo, no sería vivir sin inteligencia artificial, sino evitar que la comodidad de delegar cada vez más tareas termine debilitando la autonomía intelectual.
El estudio abre así una discusión que recién comienza: si la IA está diseñada para aumentar nuestra inteligencia, ¿en qué momento podría comenzar a reemplazar el esfuerzo que nos hace inteligentes?
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