Una nueva ofensiva con drones de largo alcance de Ucrania volvió a impactar en el corazón energético de Rusia. Este miércoles, una instalación petrolera en la región de Perm, en los montes Urales y a más de 1.500 kilómetros del territorio ucraniano, se incendió tras lo que Kiev presentó como otro ataque estratégico contra la infraestructura energética rusa.
El Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) aseguró haber alcanzado una estación de bombeo de petróleo cercana a la ciudad de Perm, parte clave del sistema de transporte operado por Transneft. Según la versión ucraniana, la mayoría de los tanques de almacenamiento quedaron envueltos en llamas, aunque las autoridades rusas evitaron confirmar detalles: el gobernador regional, Dmitry Makhonin, se limitó a señalar que un dron impactó en una instalación industrial, provocando un incendio.
El presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, difundió un video en Telegram donde se observa una gran columna de humo negro elevándose en una zona cercana a áreas urbanizadas. Sin confirmar explícitamente el lugar, destacó la expansión del alcance de estos ataques como una nueva fase de la estrategia para debilitar la capacidad bélica rusa afectando sus ingresos petroleros. “La distancia en línea recta es de más de 1.500 kilómetros. Vamos a seguir ampliando ese alcance”, afirmó.
La guerra de drones se ha convertido en un elemento central del conflicto, mientras Rusia mantiene su ofensiva iniciada en 2022 y Ucrania responde con el desarrollo de tecnología propia cada vez más precisa y de mayor alcance.
Este ataque se produjo apenas un día después de otro golpe contra la refinería y terminal petrolera de Tuapse, en la costa del Mar Negro, que fue atacada por tercera vez en menos de dos semanas. Allí, la situación derivó en una crisis ambiental y sanitaria para la población local.
Columnas de humo negro cubrieron el cielo de la ciudad, donde los habitantes debieron usar mascarillas para protegerse del aire contaminado. Las autoridades declararon el estado de emergencia, cerraron escuelas y pidieron a la población permanecer en sus casas mientras el olor a petróleo quemado y los humos tóxicos se expandían con el viento.
“El agua del río estaba en llamas”, relató Vladimir, un jubilado de 63 años, al describir el escenario tras los bombardeos. Las calles y veredas quedaron cubiertas por una película pegajosa, mientras los niveles de benceno —una sustancia altamente tóxica— se elevaron en el aire.
“Es imposible limpiarlo todo rápidamente. Nos bombardearon tres veces en un mes”, contó Yevgenia, otra residente, señalando el hollín acumulado sobre los autos.
La terminal afectada se encuentra cerca del centro urbano y de la ruta hacia Sochi, uno de los principales destinos turísticos del país y frecuentado por la élite rusa, incluido el presidente Vladimir Putin. El mandatario condenó los ataques, acusando a Ucrania de emplear “métodos terroristas” contra infraestructura civil y advirtiendo sobre posibles “graves consecuencias medioambientales”.
Desde Kiev, en cambio, sostienen que los objetivos son exclusivamente energéticos y militares, en una estrategia que consideran legítima frente a los bombardeos rusos sobre ciudades ucranianas, que han causado decenas de miles de muertos y millones de desplazados.
En Tuapse, al menos tres personas, entre ellas una adolescente de 14 años, murieron en los ataques de abril. Unos 600 trabajadores participaron en tareas de contención y limpieza, logrando retirar cerca de 10.000 metros cúbicos de una mezcla de petróleo, agua y suelo contaminado.
Para los habitantes de la ciudad, los ataques acercaron el frente de guerra a su vida cotidiana. “Ya viví una guerra”, dijo un vecino en referencia a los conflictos en Chechenia. “Y ahora, otra vez está acá”.
(con información de AFP y AP)
Fuente: Infobae







