Dos hechos de violencia extrema que marcaron esta semana al país reflejan que la marca del cártel brasileño Primer Comando de la Capital (PCC) se afianza y avanza hacia las ciudades con fuerza. Paralelamente, el hallazgo de droga se hace constante.
Flavio Verdum de Almeida, ciudadano brasileño, fue acribillado el mediodía del jueves en el municipio cruceño de San Ignacio de Velasco, cuando ingresaba a una habitación de madera para verificar el motor de su vehículo que era reparado por un mecánico. Unos desconocidos le dispararon a quemarropa y luego se dieron a la fuga en coche plomo.
La Policía presume que el asesinato se debió a un ajuste de cuentas, un testigo relató que antes de disparar uno de los asesinos le dijo “Me debías”. No obstante, lo que está claro es que Verdum de Almeida tenía una orden de captura en su país de nacimiento por tráfico de drogas desde septiembre de 2018 y que era parte del PCC, según informes policiales de Santa Cruz y de Brasil.
Pero lo que llama la atención es la organización del cártel que, según el exmilitar y abogado Jorge Santistevan, ya tiene parte de su estructura en Bolivia, pues pocas horas antes del asesinato del brasileño en tierras bolivianas, su hijo -Felipe Carlos Verdum de Almeida- fue atacado también a tiros por dos sicarios en la ciudad de Pontes e Lacerda, en Cuibá, frontera con Bolivia.
Una fuga de película
Dos días antes del crimen del brasileño, en el Hospital de Clínicas de La Paz se ejecutó la fuga del reo brasileño y miembro del cártel PCC Felipe Edvaldo Menezez Iglesias, quien con la ayuda de sus cómplices escapó, dejó un policía muerto y otro herido. La Policía lo recapturó 12 horas después.
El reporte del ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, señala que los cómplices llegaron del país vecino para ayudar a Menezez a escapar, previa planificación.
Santistevan indicó que ese hecho muestra que los miembros del cártel ya se propusieron ingresar a las ciudades capitales y no quedarse solo en las zonas fronteras.

¿Hay más droga?
En dos operativos realizados en 24 horas en el trópico de Cochabamba, la policía antidroga se incautó de al menos 312 kilos de cocaína, entre pasta base y clorhidrato, informó este viernes el ministro de Gobierno y autoridades policiales.
La Unidad Móvil de Patrulla Rural (Umopar) realizó el primer operativo en Villa Tunari, donde detectaron a un hombre con una actitud sospechosa que se escondió en una casa. Después de una requisa, los efectivos encontraron una carga de droga.
“Se encuentra en una de las habitaciones dos bolsas de yute color rosado con sustancia beige con olor y color característico a cocaína en estado húmedo. Luego del pesaje en presencia del Ministerio Público dieron positivo a cocaína”, informó Del Castillo este viernes en una conferencia de prensa.
Después de pesar los paquetes se determinó un total de 55,2 kilos. El aprehendido fue identificado como Dennis C. O., de 23 años, y ahora es investigado por tráfico de droga. Con este operativo se afectó al narcotráfico en 143.750 dólares.

El segundo operativo, denominado “Papagayo 4”, fue el jueves al mediodía. Un grupo de policías hizo un rastrillaje en helicóptero en el sindicato Uncía, también en el Chapare.
En un camino vecinal hallaron ocho bolsas de yute que contenían 240 paquetes de clorhidrato de cocaína (droga en su máxima pureza). El ministro de Gobierno informó que al percatarse de la llegada de la aeronave, desconocidos hicieron uso de petardos y de armas de fuego y, finalmente, escaparon del lugar.
La Policía confiscó 257,1 kilos de clorhidrato de cocaína en este operativo, sumado a los 55,2 kilos del primero da un total de 312,3 kilos de droga confiscada.
El ministro Del Castillo dijo que las labores antidroga dan resultados y destacó las interdicciones realizadas.
Página Siete






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