Ante la emergencia sanitaria y en respeto a la cuarentena, prácticamente todos los medios impresos del país han dejado de circular y han trasladado su trabajo a las plataformas digitales. Esto no ha representado menos trabajo para los periodistas; por el contrario, la actualidad informativa no permite respiro y los turnos de trabajo dejan apenas unas horas libres para el descanso estrictamente necesario.
Pero, además de un incesante ritmo, los periodistas están enfrentando el desafío de innovar y digitalizarse de forma inmediata; las habilidades que esperábamos desarrollar “algún día”, de pronto nos persiguen sin pausa y, para sobrevivir -porque al final se trata de una medida de supervivencia-, estamos incursionando en lenguajes y formatos nuevos, que nos dan la oportunidad de adoptarnos al cambio y seguir trabajando.
Este momento de oportunidades entraña también una crisis: la insostenibilidad económica. Mientras las audiencias están al alza, los ingresos prácticamente se han esfumado, poniendo a las empresas periodísticas independientes –que no son sustentadas sino por sus propios ingresos- ante un desenlace imprevisible.
Prácticamente el 90% de los ingresos regulares de los periódicos –las ventas de ejemplares y el avisaje- ha desaparecido, mientras el crecimiento de la audiencia digital no se puede monetizar fácilmente.
En Bolivia, no se han desarrollado aún estrategias para pago por contenido y el trabajo de actualización de la información y la producción de materiales informativos tienen acceso gratuito, mientras los anunciadores empiezan muy tímidamente a invertir en estos espacios.
“Página Siete ha sido uno de los primeros medios en Bolivia en apostar de manera decidida por lo digital; la prueba es que somos el tercer medio más leído en Bolivia a pesar de ser el más joven del país. También hemos sido pioneros en buscar formas para que sean nuestros lectores quienes nos ayuden a hacer el periodismo independiente que nos caracteriza: hemos lanzado en 2018 un sistema de suscripciones de apoyo a la prensa independiente y estamos a punto de lanzar nuestra aplicación pagada para lo que esperamos tener el apoyo de los lectores. Creemos firmemente que el buen periodismo sólo puede ser solventado por los lectores”, dice el presidente de Página Siete, Raúl Garáfulic.
Sobre llovido, mojado
Un estudio de la Universidad de Carolina del Norte de EEUU muestra que en los últimos años han cerrado los diarios de 1.300 pequeñas localidades estadounidenses. Además, alrededor del 20% de los periódicos de grandes ciudades, unos 1.800, han quebrado o se han fusionado desde 2004. El estudio agrega que cientos más se han convertido en “periódicos fantasmas”, con pocos periodistas e información mayormente proveniente de agencias de noticias o de servicios de diarios más grandes.
En ese país, el Centro de Investigación Pew estableció que el número de empleados en las redacciones de periódicos se redujo en 47% entre 2008 y 2018: pasó de aproximadamente 71.000 a cerca de 38.000.
En el resto del mundo la situación es más o menos similar: en España, por ejemplo, la venta de ejemplares de los periódicos cae constantemente. Según los datos de 2019 de la Oficina de Justificación de la Difusión (OJD), que mide la circulación de los diarios, El País perdió un 19,8% de su tiraje, para llegar a 97.000. La Vanguardia vendió en 2019 82.550 ejemplares como promedio diario, una caída de 8,4%. El Mundo distribuyó 80.600 ejemplares, casi un 10% menos que en 2018.
En Bolivia la situación no es mejor. Además, a la caída de las ventas se suman las presiones políticas, que hacen que el cuantioso financiamiento de la propaganda estatal vaya a los medios según su afinidad y cercanía a las autoridades de turno.
Los 14 años de gobierno de MAS dejaron como secuela una gran cantidad de medios satélites del partido gobernante y unos pocos que hicieron heroicos esfuerzos por sobrevivir en medio de presiones y asfixia económica.
“La crisis de los diarios se debe a la irrupción de las nuevas tecnologías, que hacen que la gente se informe, generalmente de manera gratuita, mediante las redes sociales o accediendo a portales de los medios de comunicación. El problema es que esos portales, excepto los grandes diarios del mundo, no generan los ingresos que antes generaba la versión de papel. Y sobre esa situación dramática, llega ahora la pandemia ocasionada por el coronavirus, para dejar a los periódicos casi en la lona”, sostiene el fundador y exdirector de Página Siete, Raúl Peñaranda.
Hasta los diarios ingleses han sufrido un impacto, según una nota de The Guardian, que señala que la cuarentena obligatoria en ese país ha reducido grandemente la venta de ejemplares y que incluso los anunciadores han solicitado retirar sus publicidades de los portales web porque no quieren que sus marcas se asocien a la enfermedad. Como gran parte de las noticias se refieren a ese tema, los anunciadores han retirado, temporalmente, sus anuncios.
“La paradoja, dice The Guardian, es que el tráfico hacia los portales de los diarios se ha incrementado, en algunos casos hasta un 40%. Pero ello no implica mayores ingresos para los medios, al contrario, han caído. Mientras tanto, miles de periodistas en todo el mundo, y en Bolivia, tratan de encontrar la “bala de plata”, es decir, hallar el nuevo modelo de negocios que salve a los medios impresos”, señala Peñaranda.
Periodismo en cuarentena
Para el periodismo escrito, dejar el papel y la tinta es lo más parecido a un destierro; sin embargo, las redacciones de los periódicos bolivianos no se han permitido el duelo: los sitios web y las redes sociales han cobrado protagonismo y la ciudadanía ha podido acceder a las noticias –más importantes que nunca en tiempos de incertidumbre y desinformación- de una manera más o menos normal.
Una normalidad que, empero, no es la que viven los reporteros, quienes se han visto, por razones de seguridad, restringidos para circular y acceder a sus fuentes.
Y aunque es difícil hacer periodismo sin estar en las calles, aplicaciones como Zoom, Hangsout y las plataformas como Facebook Live, Whatsapp y otras, han permitido acceder a las fuentes y llegar a las historias de la gente. Asimismo, las redacciones han podido, por estas mismas plataformas, coordinar, redactar y evaluar el trabajo diario, con la misma eficiencia que de forma presencial.
¿Qué pasará con el periodismo?
El periodista Juan Carlos Salazar, exdirector de Página Siete, sostiene que “sin necesidad de apuntarnos a ninguna teoría apocalíptica acerca de lo que ocurrirá cuando pase la pandemia, difícilmente volveremos al punto de partida. Lo que hoy es experimento seguramente se convertirá, más temprano que tarde, en normalidad, como, por ejemplo, el trabajo a distancia”.
Pero, ¿qué pasará en el periodismo? “Es difícil saberlo –señala Salazar-, sin ir más lejos, ¿alguien piensa que las redacciones virtuales de los medios, hoy generalizadas en casi todo el mundo, pasarán al olvido? Las reuniones de redacción cara a cara serán cosa del pasado. El trabajo telemático supone un gran ahorro en infraestructuras y, por lo demás, está demostrando efectividad”, añade.
Pero, en la opinión de Juan Carlos Salazar, la pregunta no es qué pasará con el periodismo en el futuro, sino qué ocurrirá en el presente. “Tras el terremoto que supuso el advenimiento de internet y la crisis económica mundial de fines de la década pasada, los medios que lograron sobrevivir están pasando actualmente por un momento dramático a causa de la caída de sus ventas e ingresos publicitarios. Y no estamos hablando del Tercer Mundo. Ante la gravedad de la situación, el gobierno de Dinamarca, por ejemplo, ha aprobado una partida de 24 millones de euros para ayudar a los periódicos que están en crisis. En España, según la Asociación de Medios de Información, los ingresos por publicidad de la prensa han caído estas semanas entre un 75 y un 80%, lo que ha obligado a muchos medios a realizar importantes reajustes de sueldos y personal”.
Mientras El País anuncia que no venderá en los kioskos mientras dure la emergencia sanitaria, el Diario.es pide a sus lectores pagar por suscripciones, y anuncia que reducirá salarios de sus periodistas.
“Lo grave es que esta nueva crisis se produce en el peor momento –añade Salazar- , cuando el periodismo serio y responsable es más necesario que nunca para hacer frente a la desinformación, interesada o no, sobre la pandemia. El presidente de la Asociación Mundial de Periódicos y Editores, Fernando de Yarza López-Madrazo, afirma que el periodismo es el “mejor antídoto” contra las “fakesnews”, ese “virus real”, como llama el filósofo surcoreano Byung-Chul Han a ese mal del siglo XXI que fomenta la “apatía hacia la realidad”.
Lo cierto es que para el periodismo, especialmente para los diarios, el futuro ya se ha instalado y está siendo encarado por los periodistas con el mismo amor por el oficio que siempre, la gran pregunta es si este ánimo será suficiente y si habrá cómo darle primeros auxilios a un servicio público de primera necesidad que está, también, en estado de emergencia.
Punto de vista
Luz Marina CanelasDirectora de Los Tiempos
“Esperamos que la gente valore nuestro trabajo”
Muy fuerte la etapa que hoy nos toca vivir como prensa escrita, por todas las implicancias: económicas, fake news, poca gente lectora, irrespeto a los derechos de autor, tempestividad en contra, y en muchos casos tecnología maravillosa pero que aun muchos medios y periodistas “del papel” no dominan. Esperemos que la población valore y entienda nuestro trabajo y se dé cuenta de que sin una prensa libre y responsable, la democracia tambalea. Lo mismo los empresarios: si bien muchos de ellos han migrado a sus propias páginas y plataformas, esperemos que entiendan que la credibilidad y alcance se logra a través de las páginas de medios prestigiosos cuya su veracidad es invaluable.
Pagina Siete
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