Ahoradigital.- Mientras Bolivia enfrenta las consecuencias del retiro de la subvención al diésel y el incremento de su precio interno, Estados Unidos atraviesa también una fuerte escalada del costo de este combustible, al punto de que el presidente Donald Trump respalda la posibilidad de limitar temporalmente sus exportaciones.
El precio minorista promedio del diésel en Estados Unidos superó esta semana los US$6,50 por galón, alcanzando un nuevo récord, según datos de la Asociación Americana del Automóvil (AAA) citados por Bloomberg y Reuters. El valor representa un incremento superior al 75% respecto a un año atrás.
Ante este escenario, Trump afirmó que apoya la idea de restringir las exportaciones estadounidenses de diésel para aumentar la disponibilidad dentro del país y buscar un alivio para los consumidores.
“Yo he dicho que no enviemos el diésel”, señaló Trump, quien agregó que ya había planteado la posibilidad dentro de su administración. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, confirmó que el Gobierno analiza si una prohibición total o parcial sería viable considerando la capacidad de refinación del país.
¿Por qué subió tanto el diésel?
El incremento no responde a un único factor. El mercado internacional enfrenta fuertes alteraciones en el suministro de combustibles debido a los conflictos en Irán y Ucrania, además de interrupciones que han afectado las exportaciones de importantes productores y la capacidad de refinación mundial.
Las consecuencias también alcanzaron a Europa, donde los precios del diésel llegaron a niveles récord y existe una elevada dependencia de las importaciones de combustible refinado.
Estados Unidos se convirtió durante este periodo en uno de los principales proveedores de diésel para el mercado internacional. Sus exportaciones llegaron recientemente a cerca de 2 millones de barriles diarios, según Bloomberg.
Por eso, una eventual prohibición estadounidense no tendría únicamente consecuencias internas: podría reducir la oferta disponible para otros mercados y presionar todavía más los precios internacionales.
No todos creen que la prohibición sea la solución
La posibilidad de restringir las exportaciones genera también oposición dentro de la industria energética estadounidense.
Empresas y organizaciones del sector advierten que mantener el combustible dentro de Estados Unidos podría generar un alivio inicial en determinadas regiones, pero posteriormente provocar una reducción de la producción de las refinerías y terminar presionando nuevamente los precios.
El argumento es que las refinerías producen simultáneamente diésel y gasolina. Si se limita la salida de diésel, algunas plantas podrían reducir su nivel de producción, afectando también la disponibilidad de gasolina.
Además, analistas advierten que una reducción de las exportaciones estadounidenses podría dejar a Europa y otros compradores internacionales buscando proveedores alternativos en un mercado que ya enfrenta restricciones de oferta.
Un dato que entra en el debate boliviano
El escenario internacional aporta un elemento al debate que se desarrolla actualmente en Bolivia: el diésel se ha convertido en un combustible más caro y estratégico a nivel global, aunque las causas y las políticas aplicadas en cada país son diferentes.
En Bolivia, el Gobierno de Rodrigo Paz decidió eliminar la subvención al diésel y elevó el precio interno de Bs 9,80 a Bs 17,95 por litro. La medida provocó rechazo del transporte y otros sectores, que advierten sobre el impacto en las tarifas, la producción y el costo de vida.
En Estados Unidos, en cambio, el incremento se produce dentro de un mercado de precios internacionales, pero la respuesta que se analiza también apunta a intervenir sobre el comercio del combustible: retener una mayor cantidad de diésel dentro del país para aumentar la oferta interna.
La diferencia es importante. Bolivia enfrenta además problemas propios de producción, importación, disponibilidad de divisas y subvención estatal, mientras Estados Unidos es un importante productor y exportador de combustibles.
Aun así, el episodio estadounidense muestra que la presión sobre el precio del diésel no se limita a Bolivia y que incluso una de las mayores potencias energéticas del mundo está buscando medidas para enfrentar el encarecimiento del combustible.
El debate ahora pasa por determinar hasta dónde puede intervenir un Estado en el mercado de combustibles sin generar nuevos problemas de abastecimiento, producción o precios.
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