El mantenimiento prolongado de subsidios estatales a los combustibles fósiles funcionó como el prifncipal obstáculo para el desarrollo y diversificación de las energías renovables en Bolivia.
Según expuso el economista Carlos Aranda en Correo Play, el bajo costo artificial de los hidrocarburos imposibilitó que proyectos de energía limpia pudieran competir en términos financieros dentro del mercado nacional.
Durante años, el abaratamiento artificial del gas y de los derivados del petróleo provocó que alrededor del 70% de la generación eléctrica en el país dependiera de centrales termoeléctricas. Bajo esa estructura de precios distorsionados, iniciativas orientadas al aprovechamiento de fuentes eólicas, solares u hídricas resultaban económicamente inviables para cualquier proyecto de inversión.
El sinceramiento de los precios de los carburantes mediante el retiro gradual de las subvenciones permitirá corregir esta falla de mercado a mediano plazo. Al reflejar el costo real de los insumos energéticos, las alternativas sostenibles ganarán competitividad comercial, incentivando la inversión privada y acelerando la transición hacia un mix energético más diverso y limpio.
No obstante, los beneficios estructurales de la medida, la eliminación de los subsidios generará un impacto inflacionario inmediato con un incremento estimado de entre 13% y 17% en el nivel general de precios y en los alimentos. Este sinceramiento tarifario encarecerá la cadena de producción y transporte, desacelerando temporalmente la demanda interna y la actividad económica a corto plazo.
Para amortiguar los efectos de este ajuste sobre la población vulnerable, Aranda enfatizó la necesidad de construir un registro social eficiente que permita focalizar las transferencias estatales de manera inteligente.
Correo del Sur






