La caída de la producción de gas natural en Bolivia comienza a encender nuevas alarmas sobre el futuro de la generación eléctrica, el desarrollo industrial y la capacidad del país para atraer inversiones. La dependencia de este combustible, sumada a la falta de nuevos descubrimientos y a las demoras en decisiones estratégicas, amenaza con profundizar la crisis energética.
Según un informe del medio EL DEBER, basado en un estudio del Growth Lab de la Universidad de Harvard, la producción boliviana de gas natural descendió de 59,6 millones de metros cúbicos diarios en 2014 a 27,3 millones en 2025, una caída del 54,2%. En el mismo periodo, las exportaciones disminuyeron un 78%.
El problema no se limita a la pérdida de ingresos por la venta de hidrocarburos. También compromete el abastecimiento del mercado interno, debido a que una parte importante de la electricidad que consume el país se genera mediante centrales termoeléctricas que utilizan gas natural.
El estudio citado señala que el 66% de la electricidad boliviana se produjo con este combustible en 2024, una dependencia que expone al sistema eléctrico a las consecuencias de la disminución de la oferta nacional.
La importación aparece como una alternativa
Ante este escenario, el Gobierno aprobó el Decreto Supremo 5755, que autoriza excepcionalmente la importación de gas natural y gas natural licuado para consumo propio o generación eléctrica.
La medida abre la posibilidad de recurrir al mercado internacional para garantizar el suministro, pero todavía no representa una compra concretada. Los volúmenes, los plazos y los costos dependerán de la reglamentación y de los contratos que puedan establecerse.
El ministro de Economía, Cristian Morales, aseguró que la decisión no implicará un incremento en las tarifas eléctricas. Sin embargo, permanece la interrogante sobre cómo se financiaría la diferencia entre el precio del combustible importado y el gas que actualmente reciben las generadoras a valores regulados.
El experto en hidrocarburos Orlando Vaca advirtió que el gas destinado a la generación eléctrica se comercializa internamente a precios considerablemente inferiores a los del mercado internacional. Según las referencias que expuso, el costo podría pasar de alrededor de un dólar por millón de BTU a entre 10 y 12 dólares en el mercado externo.
Estas cifras corresponden a estimaciones del especialista y no a contratos de importación ya establecidos. El costo efectivo dependerá también del transporte y de las condiciones de entrega.
Sin inversiones, la crisis puede profundizarse
Vaca considera que la autorización para importar gas puede ayudar a prevenir problemas de abastecimiento, pero no resuelve el problema estructural: la necesidad de recuperar la producción nacional mediante inversiones en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos.
El especialista cuestionó la falta de acuerdos duraderos y de decisiones políticas que permitan generar condiciones previsibles para atraer capitales al sector hidrocarburífero.
La urgencia también está relacionada con los tiempos que requiere la industria. De acuerdo con el estudio de Harvard citado por EL DEBER, un proyecto gasífero puede tardar entre siete y diez años desde la exploración hasta el inicio de la producción.
Esto significa que las decisiones que se adopten hoy tendrán consecuencias sobre la disponibilidad de combustible durante la próxima década.
La energía también condiciona el desarrollo industrial
La situación plantea otro desafío para Bolivia: garantizar electricidad suficiente, confiable y a precios competitivos para atraer nuevas inversiones.
Las empresas que proyectan instalar fábricas, centros tecnológicos o infraestructura para inteligencia artificial necesitan garantías de suministro energético a largo plazo. Sin esas condiciones, los proyectos pueden terminar en otros países que ofrezcan mayor seguridad.
En ese contexto, la crisis del gas deja de ser únicamente un problema del sector hidrocarburífero y se convierte en un factor que puede limitar el crecimiento económico, la generación de empleos y la competitividad nacional.
Bolivia enfrenta así una doble tarea: recuperar la producción de gas y diversificar sus fuentes de generación eléctrica mediante alternativas como la energía solar, eólica e hidroeléctrica.
La advertencia es clara: importar combustible puede convertirse en una solución para cubrir necesidades inmediatas, pero sin nuevas inversiones y una estrategia de diversificación energética, el país corre el riesgo de depender cada vez más del gas extranjero para producir la electricidad que necesita.
Ahoradigital –
Fuente: Ahoradigital con información de EL DEBER.






