David Mollo Berrios, el único sobreviviente del núcleo familiar afectado por un infanticidio múltiple en marzo, fue encontrado muerto en su domicilio de la zona de Inca Rancho. Este deceso confirma la desaparición total de la familia, 53 días después de que la madre acabara con la vida de sus cinco hijos y luego se suicidara.
Detalles del hallazgo
El cuerpo fue hallado este sábado 25 de abril en el inmueble ubicado en la Avenida Patria, al sur del municipio de Sacaba. Tras el reporte, efectivos de la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen (Felcc) se trasladaron al lugar para realizar el levantamiento legal del cadáver e iniciar los peritajes que determinen las causas técnicas de la muerte.
Investigaciones en curso
Actualmente, los investigadores buscan establecer si existió la intervención de terceros o si el deceso responde a una determinación personal del hombre. El caso se remonta al pasado 4 de marzo, cuando Mollo Berrios, al retornar de su jornada laboral, descubrió que su esposa, de 31 años, yacía colgada, mientras que sus cinco hijos estaban sin vida sobre las camas.
Las víctimas del infanticidio
Las víctimas fueron identificadas como Noelia (9), Estrella (7), Rodrigo (5), César (2) y una lactante de apenas tres meses. Según los informes forenses de entonces, los menores fallecieron por una intoxicación aguda provocada por la ingesta de sustancias químicas, mientras que la mujer murió por asfixia mecánica por ahorcamiento tras presuntamente envenenar a los niños.
Declaraciones y contexto familiar
En sus declaraciones ante la Fiscalía, donde figuraba como testigo y denunciante, Mollo describió una aparente estabilidad en su hogar. Con más de 10 años de matrimonio, aseguró que su esposa se encargaba del cuidado de los hijos sin mostrar signos de inestabilidad o conductas irregulares. “Mi esposa era normal, no renegaba mucho; ella se quedaba cuidando a los niños todo el día”, manifestó en aquel momento, subrayando el desconcierto que dejó el crimen múltiple en la comunidad.
Reflexiones sobre salud mental
El fallecimiento de Mollo Berrios reabre el debate sobre la necesidad de un acompañamiento estatal riguroso y prolongado para personas que, tras ser víctimas indirectas de infanticidios y suicidios, quedan en una situación de aislamiento emocional y riesgo latente.







