La cuenca del río Manuripi volvió a convertirse en escenario de una de las acciones de conservación más importantes del norte amazónico boliviano. La Universidad Amazónica de Pando (UAP), a través de la carrera de Biología, encabezó la segunda versión del Programa de conservación y repoblación de petas de río, logrando la liberación de más de 2.500 crías de peta de agua dulce en diferentes sectores de esta reserva natural.
La actividad no solo simboliza el retorno de miles de ejemplares a su hábitat, sino que representa un trabajo científico de casi un año para intentar revertir la disminución de una especie que enfrenta crecientes amenazas por la depredación de huevos, la captura ilegal de hembras reproductoras y los efectos del cambio climático sobre los cuerpos de agua amazónicos.
El proceso comenzó con el monitoreo de playas naturales y la recolección de huevos en zonas vulnerables de la cuenca. Posteriormente, estos fueron trasladados hasta una playa madre artificial instalada en el puesto de control San Silvestre, dentro de la Reserva Nacional de Vida Silvestre Amazónica Manuripi, donde permanecieron bajo resguardo técnico durante 78 días de incubación.
De los aproximadamente 2.700 huevos recolectados, 2.526 lograron eclosionar exitosamente, una tasa considerada altamente favorable para programas de repoblamiento en fauna silvestre. Las crías fueron luego mantenidas durante siete meses en estanques artificiales para fortalecer su desarrollo antes de ser devueltas al río.
Una especie clave para el equilibrio del ecosistema
La peta de río, conocida científicamente como Podocnemis unifilis, es una tortuga de agua dulce propia de la cuenca amazónica y cumple una función esencial en el equilibrio ecológico: dispersa semillas, controla ciertos organismos acuáticos y forma parte de la cadena alimenticia de humedales y riberas.
Sin embargo, en Bolivia sus poblaciones han disminuido en los últimos años debido principalmente a la extracción indiscriminada de huevos para consumo, la comercialización ilegal y la pérdida progresiva de playas naturales aptas para la anidación.
Por ello, instituciones ambientales han comenzado a tratar a esta especie como una prioridad de conservación. En la Reserva Manuripi —una de las áreas protegidas más biodiversas del país, con más de 747 mil hectáreas de bosque húmedo amazónico— se ha instalado uno de los principales laboratorios naturales para su recuperación.
Universidad, guardaparques y comunarios: una alianza que gana terreno
A diferencia de otras campañas de liberación ocasionales, el programa desarrollado en Pando ha comenzado a mostrar continuidad interinstitucional. La UAP ejecutó el proyecto con apoyo de comunarios de San Silvestre, la Fundación Semilla, el municipio de Filadelfia, guardaparques y técnicos del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap), además del comité de gestión de la reserva.
La participación de las comunidades ribereñas ha sido determinante, porque son ellas las que identifican playas de nidación, reportan riesgos y colaboran con el resguardo de los huevos frente a saqueadores o depredadores naturales.
El dato no es menor: en una región donde la presión sobre los recursos naturales crece por actividades extractivas y tráfico de fauna, la conservación solo es viable si incorpora vigilancia comunitaria y educación ambiental.
Un modelo de repoblamiento que empieza a consolidarse
La liberación realizada este año es la segunda consecutiva dentro del convenio interinstitucional y confirma que el norte amazónico está construyendo una estrategia sostenida de recuperación de fauna.
En 2024 ya se había logrado la suelta de unas 2.500 petitas y en 2025 la cifra superó las 2.800, lo que evidencia una mejora en los procesos de incubación, manejo y supervivencia temprana.
Especialistas consideran que este tipo de programas no genera resultados inmediatos en términos poblacionales, pero sí abre una ventana de recuperación a mediano plazo, especialmente cuando se garantiza que las crías lleguen a tamaños que reduzcan su vulnerabilidad frente a peces, aves y reptiles depredadores.
La apuesta, en el fondo, es sencilla pero urgente: devolver vida a los ríos amazónicos antes de que una de sus especies más emblemáticas desaparezcan silenciosamente.
El Deber








