Por Esteban Farfán
Durante la campaña electoral, el hoy Ejecutivo Regional David Rojas fue contundente. Habló de realizar una auditoría rigurosa a la gestión de José Luis Ábrego y a las anteriores administraciones para conocer qué había ocurrido con los recursos públicos.
Era una promesa fuerte. Y, sobre todo, una promesa que despertaba una expectativa legítima en una sociedad que quería saber qué pasó con su dinero.
Pero han pasado más de 100 días desde que asumió el cargo y, hasta ahora, el silencio del Ejecutivo Regional sobre aquella promesa resulta difícil de ignorar.
¿Qué pasó?
¿Qué ocurrió entre aquel David Rojas candidato, que hablaba de auditorías y de posibles irregularidades, y el David Rojas que hoy ocupa el Ejecutivo Regional y prácticamente ha dejado de referirse al asunto?
La pregunta no es menor.
Porque una auditoría no debería depender del clima político, de los amigos, de los adversarios ni de las circunstancias del momento. Si durante una campaña electoral se anunció que se investigaría una gestión anterior, corresponde hacerlo. Y si después de asumir se descubre que no existen elementos para sostener las sospechas, también corresponde decirlo públicamente.
Lo que no parece razonable es guardar silencio.
Y aquí aparece un problema todavía mayor: las promesas electorales no deberían ser simples herramientas para conseguir votos.
Cuando un candidato promete algo y la ciudadanía vota en función de esas propuestas, se establece un compromiso político. El ciudadano entrega su voto y, con él, una cuota de confianza y legitimidad. Quien recibe esa confianza tiene la obligación política de responder por aquello que prometió.
Por eso, señor Ejecutivo Regional, la pregunta vuelve a ser inevitable:
¿Qué pasó con la auditoría?
Si existían indicios de irregularidades, ¿por qué no se investigan?
Si se detectaron hechos que podían constituir corrupción, ¿por qué no se activaron los mecanismos correspondientes?
Y si después de revisar la documentación usted llegó a la conclusión de que no había nada que denunciar, ¿por qué no se informa públicamente a la población?
Cualquiera de esas respuestas sería más saludable que el silencio.
Porque cuando una autoridad anuncia durante la campaña que va a revisar una gestión anterior y, una vez en el poder, deja de hablar del asunto, inevitablemente aparecen preguntas.
Y también aparecen rumores.
No voy a repetirlos. Primero, porque un rumor no es una prueba. Y segundo, porque si existen acusaciones concretas, deben presentarse ante las instancias correspondientes y demostrarse con documentación.
Pero sería ingenuo pensar que los rumores no tienen consecuencias políticas.
Cuando una autoridad guarda silencio sobre un tema que ella misma puso en el centro del debate electoral, deja un espacio que otros inevitablemente van a llenar.
Y cuanto más tiempo pasa, más difícil resulta explicar por qué aquello que parecía tan urgente durante la campaña dejó de serlo después de asumir el poder.
Hay una vieja frase que recuerdo de mi abuelo:
“Cuando el gallo no canta es que algo tiene en la garganta.”
Tal vez no sea más que una frase popular.
Tal vez simplemente cambió la agenda del Ejecutivo.
Tal vez existen razones jurídicas, administrativas o técnicas para que aquella auditoría todavía no se haya realizado.
Pero entonces hay una solución muy sencilla:
explicarlo.
Porque si no hay nada que ocultar, transparentar la situación debería ser lo más fácil.
Y si existen elementos que ameritan una investigación, también corresponde actuar.
Lo que no debería ocurrir es que una promesa de campaña termine archivada en algún cajón del poder mientras la ciudadanía espera una explicación.
Señor Ejecutivo Regional David Rojas: usted habló de auditar. Usted habló de saber qué pasó con la plata. Usted pidió el voto bajo ese compromiso.
Ahora corresponde saber qué pasó con esa promesa.
Porque el problema no es solamente una auditoría.
El verdadero problema es la credibilidad.
Y en política, cuando una autoridad deja de cantar después de haber prometido hacerlo, la sociedad tiene derecho a preguntarse qué fue lo que se le atravesó en la garganta.
Esteban Farfán es Analista político y Periodista de Yacuiba






