Costó hacer una cita para que pueda atender a SOCIALES, pues Luz Nohelia Ruiz Peláez (23), más conocida como Lola, es muy requerida en Washington (Estados Unidos), donde reside. Tiene agenda llena hasta dentro de seis meses.
La joven cruceña conquistó EEUU como tatuadora hace dos años, de los cinco que lleva en el rubro, y echó raíces en el país del norte. Hasta la fecha ha participado de numerosas convenciones internacionales para perfeccionar su talento en microrealismo y botánica, sobre todo en Nueva York, y ahora está especializándose en realismo con Fernando González, uno de los tatuadores más famosos en EEUU y con quien trabaja.

Su cuerpo entero es un lienzo, tiene 50 tatuajes que representan su esencia, su historia y sus anhelos.
No fue nada fácil
Lola llegó a Nueva York en 2020, con toda su familia y muchos planes por cumplir. Sin embargo, solo un día después de su arribo las fronteras se cerraron y las personas se aislaron en sus casas por el coronavirus.
“Afortunadamente teníamos ahorros; los primeros seis meses fueron muy duros, pero unidos y gracias a Dios pudimos ver la manera de sobrevivir a la cuarentena”, recuerda la artista.
Cuenta que tras que se flexibilizaron las restricciones se incorporó a un estudio de tatuajes en Nueva York. Luego estuvo recorriendo Nueva Jersey con todo y pancita de embarazo, es mamá desde hace ocho meses, aprendiendo y tatuando en convenciones. Actualmente es parte del equipo Embassy Tattoo.

¿Por qué la eligen?
Los clientes de Lola deben esperar muchos meses para contratar su talento. El primer contacto es a través de su manager, que apunta los datos de las personas
y sus requerimientos.
Luego, recién Lola revisa los diseños, las características y se empapa del significado de cada dibujo. “De acuerdo a todo eso los filtro y elijo qué es lo que quiero tatuar, qué es lo que se adapta mejor a mi estilo”, expresa.

Mujer y mamá tatuadora
Considera que existen pocas tatuadoras, especialmente en Sudamérica, porque las mujeres no se sienten incluidas en este tipo de arte que ha sido tomado por los hombres.
“En Estados Unidos no existe ningún tipo de discriminación hacia las tatuadoras, hombres y mujeres son apreciados y requeridos por igual. En cambio, durante el tiempo que estuve en Bolivia, me di cuenta de las diferencias que se hacían y que no había esa inclusión en el equipo ni respeto por las artistas, y eso es algo que nos impide crecer”, explica.
Por eso es que Lola se vio obligada a migrar a un país en el que se aprecie su trabajo y existan oportunidades para desarrollarse. “Ahora, el estilo que trabajo, en línea fina y microrealismo, es muy vendido en todo el mundo”, agrega.
Lola habla muy poco de su familia, trata de mantener separados su oficio y su vida privada. “Solo puedo decir ahora mismo que soy feliz y que tengo una nena de ocho meses que se llama Donatella”, revela.
Volver a Bolivia
Tiene planes de abrir una franquicia de su estudio en Santa Cruz de la Sierra, en el Mall Ventura y Las Brisas, y, también si se puede y tiene el equipo suficiente, en La Paz.
“Pienso en esas ciudades porque es donde más se vende en
Bolivia; en La Paz es donde la gente se hace más tatuajes”, revela.
En diez años piensa retirarse del oficio, porque ya le habrá sacado el jugo suficiente, y planea dedicarse a transmitir a nuevas generaciones lo que aprendió en su travesía. “Quiero compartir todo, y que otras personas tengan la oportunidad de triunfar y alcanzar sus sueños gracias al arte, porque del arte sí se puede vivir. Aunque mucha gente piense lo contrario, del arte se vive y se goza”, afirma.
La música, otro talento
Otro de sus talentos, pero que va quedando olvidado, es el del canto, y gracias a él Luz Nohelia saltó a la palestra pública en Bolivia, al participar en un reality.
Considera su paso por la televisión como una “experiencia invaluable”, con la que aprendió mucho de sus compañeros.
Lola recuerda que era solo una niña cuando soñaba con conocer a Amy Winehouse y Nina Simone. Le gustaba cantar, pero cree que al principio no lo hacía tan bien. “Me puse a practicar y fui evolucionando, noté mi mejoría cuando unos amigos me invitaron a grabar en un estudio. Fue increíble”,
confiesa.
Aunque no tiene plazo de retorno, le gustaría regresar a los escenarios con el estilo que le encanta, el R&B. Para su sorpresa, también ha recibido propuestas para impulsar su carrera musical, pero eso será después, por ahora está centrada en el mundo de la tinta y las agujas.
El Deber











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