La proyectada eliminación de los subsidios a los combustibles en Bolivia marcará una transición hacia precios internacionales, lo que encarecerá la producción de alimentos, el transporte público y el costo de vida en general, según proyectó el analista Miguel Ángel Amonzabel.
Pese a que la medida busca sincerar la economía y erradicar el contrabando, sus efectos golpearán directamente el bolsillo familiar.
Gasolina y diésel a valor internacional
En el marco de las proyecciones económicas y los compromisos de financiamiento exterior, se prevé la retirada paulatina o total del subsidio estatal para adoptar los precios del mercado regional. Actualmente, la gasolina subvencionada se vende en Bs 6,80 por litro, pero su valor real e internacional se ubica entre los Bs 15 y Bs 18,40.
En el caso del diésel, los costos en países vecinos como Paraguay, Brasil o Perú oscilan entre los Bs 16 y más de Bs 21 por litro, niveles a los que el mercado nacional tendrá que alinearse.
Efectos en la canasta familiar y servicios
Según Amonzabel, citado por Correo del Sur Radio, el fin del subsidio repercutirá en la cadena productiva y en el presupuesto diario de la población, primero en los alimentos de primera necesidad, los productores agropecuarios que adquirieron carburantes a precios elevados transferirán ese sobrecosto al producto final durante la época de cosecha, hacia marzo o abril, lo que derivará en nuevos precios.
De aplicar una eliminación total de los subsidios exigidos por organismos internacionales, la garrafa de gas doméstico podría subir de los actuales Bs 23 hasta Bs 120, este incremento impactará de lleno en el sector gastronómico y en la venta de comida preparada.
Por otra parte, el encarecimiento de las fletes de carga y del combustible presionará las tarifas del transporte; en ciudades como Santa Cruz, el pasaje de micro para adultos podría elevarse a un rango de entre Bs 4 y Bs 5.
Pese a la severidad del ajuste, el análisis de Amonzabel concluye que la medida garantizará el fin de las filas en los surtidores y frenará el contrabando, aunque impondrá una fuerte reorganización en los hábitos de consumo de los bolivianos.
La Razón






