La crisis económica ya no se mide solamente en cifras. Se siente en los mercados, en las bolsas de compras y en los hogares, donde cada vez cuesta más hacer que el ingreso alcance hasta fin de mes.
Familias consultadas por Unitel señalaron que el incremento de los precios de los alimentos y de otros productos de primera necesidad los obliga a reducir sus compras y ajustar sus presupuestos.
“Bs 100 ya no alcanzan para nada”, fue una de las frases que se repitió entre los entrevistados.
Uno de los padres de familia explicó que el efecto del tipo de cambio ya se siente directamente al momento de ir al mercado. Puso como ejemplo el precio del pan: antes costaba 50 centavos y ahora llega a 80 centavos, un incremento que, según señaló, golpea directamente a la economía familiar.
Pero el problema va más allá de comprar menos alimentos.
Una madre contó que su ingreso mensual ya no le permite pagar a una persona para cuidar a sus hijos mientras trabaja. Ante la falta de recursos, aseguró que ahora debe dejarlos solos para evitar ese gasto. También señaló que ya no tiene dinero suficiente ni siquiera para comprar ropa.
El panorama muestra cómo la pérdida del poder adquisitivo está obligando a las familias a decidir qué gastos pueden mantener y cuáles deben eliminar.
Comprar menos, cambiar productos por otros más baratos, postergar la compra de ropa o prescindir de servicios que antes eran necesarios son algunas de las estrategias que empiezan a formar parte de la vida cotidiana de los hogares.
Mientras los precios siguen presionando el presupuesto, los ingresos de muchas familias no crecen al mismo ritmo. Y cuando el sueldo alcanza para menos, la crisis deja de ser una discusión económica y se convierte en un problema concreto dentro de cada hogar.
Porque cuando una familia tiene que elegir entre pagar el cuidado de sus hijos, comprar ropa o llevar alimentos a la mesa, el problema ya no es solamente cuánto cuesta vivir en Bolivia.
Es cuánto puede seguir soportando el bolsillo de los bolivianos.
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