Ahoradigital.- En medio de la tensión generada por la eliminación de la subvención al diésel, el Gobierno difundió datos de YPFB y la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) con los que sostiene que solo el 19,7% de los vehículos del transporte público en Bolivia utiliza exclusivamente este combustible.
Según la información oficial, el parque automotor de servicio público alcanza a 202.182 vehículos. De ese total, 39.880 unidades funcionan únicamente con diésel, mientras que las restantes utilizan gasolina, Gas Natural Vehicular (GNV) o una combinación de combustibles.
El desglose señala que 67.815 vehículos funcionan exclusivamente con gasolina, equivalente al 33,5%; 29.290 utilizan solamente GNV, que representan el 14,5%; y otros 65.197 vehículos combinan GNV y gasolina, equivalentes al 32,2%.
De acuerdo con estas cifras, 94.487 vehículos del transporte público, el 46,7%, tienen capacidad para operar con GNV, ya sea de manera exclusiva o combinada con gasolina. El Gobierno remarca que este combustible mantiene la subvención y que su distribución continúa con normalidad.
El Ejecutivo utiliza estos datos para argumentar que el retiro de la subvención al diésel no tendría el mismo impacto directo sobre todo el transporte público. Sin embargo, el incremento del precio del carburante también puede repercutir indirectamente en el sector a través del transporte de carga, los costos operativos y otros servicios vinculados a la actividad económica.
La medida fue establecida mediante el Decreto Supremo 5716, que elevó el precio del diésel de Bs 9,80 a Bs 17,95 por litro, en el marco de la eliminación de la subvención. La decisión provocó rechazo de organizaciones del transporte, que anunciaron medidas de presión y demandan la abrogación de la norma.
El Gobierno, por su parte, sostiene que el anterior esquema representaba un elevado costo para el Estado y calcula que la subvención a los combustibles demandaba alrededor de $us 2.600 millones anuales. La administración de Rodrigo Paz plantea que esos recursos puedan ser destinados a otras áreas.
El debate ahora se concentra en cuánto del impacto del nuevo precio del diésel recaerá sobre los vehículos que efectivamente utilizan este combustible y cuánto terminará trasladándose al conjunto de la economía mediante el aumento de costos de transporte, producción y distribución.
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