El coronel Adrián Javier Álvarez Arismendi asumió este lunes, de manera interina, como nuevo comandante general de la Policía Boliviana, en reemplazo del general Mirko Sokol, quien dejó el cargo horas antes.
La posesión estuvo encabezada por el presidente Rodrigo Paz en el Palacio Quemado, donde también fueron designados, de manera interina, el coronel Roger Roca Saavedra como subcomandante general y jefe de Estado Mayor, y el coronel Franz William Cabrera Quispe como inspector general.
Álvarez llega al máximo mando policial después de desempeñarse como director nacional de Tecnología y Telemática. También fue comandante policial de El Alto, donde estuvo al frente de operativos de seguridad ciudadana, control fronterizo y acciones preventivas.
Pero su primer discurso dejó una señal que va más allá de un simple cambio de nombres en la cúpula policial.
El nuevo comandante anunció una modificación en la doctrina y en la forma de trabajo de la institución. Señaló que durante aproximadamente tres décadas la Policía trabajó bajo el modelo de policía comunitaria y sostuvo que ahora se debe avanzar hacia nuevos modelos que permitan una mayor participación de la institución en la resolución de conflictos y en el desarrollo del país.
“Vamos a enfocar nuestros mayores esfuerzos para una lucha frontal contra el crimen organizado”, afirmó Álvarez, quien también identificó como prioridades el combate al narcotráfico, la trata y tráfico de personas, el lavado de activos y otros delitos vinculados a organizaciones criminales.
El nuevo jefe policial aseguró además que no permitirá que Bolivia sea utilizada por organizaciones criminales transnacionales y planteó mayores controles internos para combatir la corrupción dentro de la propia institución.
La llegada de Álvarez se produce en medio de una crisis en la conducción policial. Sokol renunció luego de semanas de cuestionamientos relacionados con denuncias sobre una presunta estructura de corrupción y compra de cargos dentro de la institución. El propio Sokol había confirmado anteriormente la existencia de audios relacionados con esas denuncias, aunque sostuvo que las afirmaciones contenidas en las grabaciones no podían ser probadas.
Durante el acto de posesión, Paz expresó su confianza en Álvarez y lanzó una advertencia a la institución: no debe existir tolerancia con policías que utilicen el uniforme para obtener beneficios personales, proteger delincuentes o traicionar la confianza de la sociedad.
Así, el nuevo comandante recibe una Policía que no solo enfrenta el desafío de mejorar la seguridad ciudadana, sino también el de recuperar credibilidad interna y externa. Su anuncio de cambiar el modelo policial y concentrar esfuerzos en el crimen organizado plantea una nueva etapa para la institución, aunque ahora deberá demostrar si esas promesas se traducen en cambios concretos.
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