Bolivia enfrenta una de las crisis económicas más profundas de las últimas décadas, una situación que se refleja de forma concreta en uno de sus alimentos esenciales: el pan subsidiado, según menciona en un reciente informe la agencia AP.
La reducción sistemática en tamaño y la calidad del pan de batalla muestra rostros afectados, malestar y la incertidumbre de consumidores y productores.
Durante años, miles de habitantes acudieron a panaderías estatales en barrios populares y mercados urbanos de La Paz para comprar el tradicional “pan de batalla” de 100 gramos, vendido a cincuenta centavos bolivianos gracias al subsidio estatal.
Sin embargo, la promesa del acceso a un producto esencial a precio congelado empezó a desmoronarse. Juan de Dios Castillo, panadero, utiliza una balanza antigua que hoy marca sesenta gramos por pieza, cuando dos años atrás el pan mantenía su volumen y textura originales, según relató a AP.
La merma progresiva, de ochenta gramos a principios del año pasado, luego setenta y finalmente sesenta, ha sido evidente. “Es como comer un poco de aire, una oblea de comunión, ya no llena,” explicó Rosario Manuelo Chura, de cuarenta años, a la agencia AP, mientras mojaba el pan en su café matutino en La Paz.
Para los clientes, la insatisfacción crece ante un pan cada vez más pequeño, más liviano y de inferior calidad.
Los panaderos también muestran su descontento. Obligados a mantener el precio fijo durante diecisiete años y enfrentando un incremento constante en el coste de insumos, especialmente la harina importada, muchos han visto la rentabilidad desplomarse.
Fuente: Infobae









