La tradición boliviana dice que el 1 de noviembre las almas de los difuntos bajan a la tierra para disfrutar de un altar instalado por sus familias con varios elementos que son característicos de esta celebración y que recuerdan cómo era la vida del que partió. Muchas de estas creencias tienen similitud con el Día de Muertos en México.
En mesas preparadas en honor de la persona fallecida, se coloca su fotografía, comida y bebida favoritos, panes especiales conocidos como “t’antawawas”, masitas, dulces, flores, agua y, por supuesto, un crucifijo, símbolo central de la religión católica.
Durante 24 horas, los familiares rezan y se reúnen alrededor de este altar. Al mediodía siguiente, despiden el alma de sus difuntos. Esta tradición es conocida como “Todos Santos”.
Uno de los elementos más populares es la t’antawawa, una palabra aimara que significa pan (tanta) y bebé o niño (wawa). Con días de anticipación, las panaderías locales las preparan para luego comercializarlas en ferias populares o atender pedidos específicos de las familias.
“La t’antawawa la ponemos en representación del almita que hemos perdido, puede ser hombre o mujer, y depende de nuestro cariño, ponemos en el altar grande o pequeño, depende también de nuestro bolsillo”, explica a la Voz de América Leydi Zambrana, una vendedora que lleva más de 25 años elaborando estos panes en Cochabamba.
Elecciones Subnacionales: Mira aquí la ‘Capacitación de juradas y jurados electorales’
Se viene un momento clave para nuestra democracia 🇧🇴 En el marco de las Elecciones Subnacionales 2026, ya inició la...
Elecciones Subnacionales: Mira aquí la ‘Capacitación de juradas y jurados electorales’
Se viene un momento clave para nuestra democracia 🇧🇴 En el marco de las Elecciones Subnacionales 2026, ya inició la...
Según relata Gualdina Franco, otra productora local, también se elaboran panes con formas de pescado, escalera, cruz, luna, sol, paloma, llama, caballo, víbora, que son conocidos como misterios, y cada uno representa algo, por ejemplo, protección, guía, luz, para el recorrido del difunto en su visita a la tierra.
Estas tradiciones que se pasan de generación en generación, con el tiempo se están adaptando o cambiando, aunque las vendedoras reconocen que cada vez el interés se vuelca en otras festividades, como Halloween, porque les resulta más atractivo a los jóvenes.
Sin embargo, Gualdina cree que la esencia de esta fiesta debe ser divulgada. “A los hijos, a los nietos hay que contar cómo son nuestras tradiciones, no se puede perder”, dice.
Dulce tradición de Todos Santos
Por sus colores y formas también llaman la atención los populares dulces de Todos Santos, que son elaborados de manera artesanal y exclusivamente para esta fecha.
La Voz de América visitó en Cochabamba a la familia Garnica, una de las más conocidas en esta tradición, con 50 años de experiencia elaborando desde las más simples hasta las más complejas figuras de dulces.
“A la gente le gusta mucho los dulces y por eso es que cada año siguen llevando, y todo tiene un significado. Por ejemplo, el canasto es para llevar fruta, los ángeles son para que le cuiden al difunto, la cruz es para que puedan representar que están acá en la tierra y la escalera para que suban al cielo”, explicó Felicidad Arcos, dueña de la Dulcería.
No hay límites para todo lo que puedan crear. Más allá de los elementos clásicos, reciben pedidos poco convencionales, como motocicletas, aviones, autos, todo lo que le gustaba el difunto. Hasta cosas un poco más extrañas, dice Larry Garnica: “Hay personas que nos han pedido cosas fantasiosas, como dinosaurios, tigres, lagartos, tortugas, de todo, pero nosotros estamos para complacer a las familias y los gustos que tenían sus seres queridos”.
Incluso, la muy popular abuela Coco de la película mexicana de Pixar fue una de las creaciones de la Dulcería Garnica.
En el mundo andino, la muerte se entiende como una transición a la vida eterna y, en torno a esta creencia, cada año las familias bolivianas se reúnen para, a pesar de todo, mantener viva la tradición.
La mesa, tantawawas y sus significados
Las tantawawas también representan, según algunos investigadores, la pureza del difunto, antiguamente eran hechas de otros materiales, como muñecas. Se tiene el registro del descubrimiento de un keru o vaso ceremonial encontrado en la gran necrópolis tiwanacota de Cundisa en el lago Titicaca, con la representación antropomorfa de un rostro, posiblemente de quien fue enterrado en ese lugar.
La escalera de pan que también forma parte del altar del difunto de acuerdo significa una ayuda para la ascensión del espíritu al cielo, y que tiene connotaciones católicas. Mientras que las cebollas en flor, “tuquru”, sirven para que el difunto lleve agua para su viaje. Los caballitos de pan, son como una distracción del ajayu, porque se suele decir que ellos tienen forma de niños. Además el caballo y la llama, son útiles para que el ajayu pueda transitar por los caminos más difíciles en el mundo de los espíritus.
Las flores también tienen sus significados como las retamas en los floreros que sirven para ahuyentar a los espíritus enemigos, esta costumbre es muy usual, en los negocios, tiendas y hogares aunque sea durante otra época o en todo año siempre se pone retamas para combatir a las maldiciones o vibraciones negativas.
Un vaso de agua bendita para rociar la ropa del ser querido. Coca, cigarro, vino y refrescos, para que el espíritu se sienta satisfecho. La caña de azúcar o alma thuxru, para que sirva de bastón a las almas.
La costumbre de todos santos en Bolivia
En Bolivia la tradición de los difuntos y de Todos Santos se mantiene como una de las costumbres que sobrevive frente a un marcado sincretismo cultural, que continúa siendo practicado y que es transmitido a través de las generaciones frente a la celebración foránea del Halloween, una costumbre respaldada como un hecho comercial que busca imponer una expresión que también fue desligada de su verdadero origen de los celtas de Inglaterra.
Los aymaras de la región de los Andes tienen la concepción del mundo como una totalidad, integrada e interrelacionada, pero sobre todo dinámica. Este mundo o cosmos tiene tres espacios claramente diferenciados en los que los ajayus pueden encontrarse. Uno de ellos es el Alax Pacha, o el espacio superior, un mundo lejano, el mundo de arriba. Es la región del universo donde moran algunos dioses. Espacialmente se la concibe como si estaría ubicada más allá de las cumbres de las montañas andinas. No corresponde al concepto católico del “cielo”.
Mientras que el Aka Pacha, es el plano medio, este mundo donde viven los seres humanos y los animales. Es el aquí y el ahora, es la tierra que pisamos y habitamos. Es el espacio en el que se expresa la Pachamama a través de las cosechas.
El Manqha Pacha, es el plano inferior, el mundo de abajo, de adentro, es un espacio cerrado, oculto, secreto y encubierto. Dicen que también es la morada de la principal diosa andina, la Pachamama, y de otros como del Supay, y no corresponde si se refiere al concepto católico del “infierno”.

El ajayu –que engloba los sentimientos y la razón– es entendido por la cultura aymara como el eje, la energía vital, el motor, de un ser que siente y piensa es la energía cósmica que da vida al movimiento. También puede compararse con el “aura” o chakra que son términos comunes en el continente asiático, son las ondas vibratorias que fluyen en todo el universo.
La festividad de los difuntos y de Todos Santos, una costumbre como una autoafirmación cultural se convierte en una de las tradiciones que son practicadas en el área rural y en las ciudades. En la región del lago Titicaca, específicamente en la isla Suriqui, los comunarios suelen armar los altares en la plaza central, cada familia invita a las demás personas bastante comida.
La costumbre de recibir a los ajayus de los seres queridos se repite con algunas variaciones en la región de los Andes, pero en esencia se trata de compartir por lo menos por el lapso de un día junto a los espíritus de los seres que ya han partido.
La fecha tiene un particular significado en el calendario agrícola-ritual del mundo andino, ya que en el transcurso de tiempo que comprende del 12 de octubre al 8 de noviembre, es el periodo que marca el final el Awtipacha o tiempo seco, para dar inicio al Jallupacha o el tiempo de lluvias.
Cuando llega el tiempo de lluvias se inicia también la siembra en los campos agrícolas del altiplano, un hecho muy importante ya que tiene que ver con el sustento de las familias aymaras. Entonces entre las tradiciones se espera a los ajayus, principalmente en el área rural, para que también las cosechas sean exitosas.
No sabemos si los ajayus tienen que atravesar los diferentes espacios del Alax Pacha, Manqha Pacha o del Aka Pacha, ni cuánto tardan en llegar en Todos Santos, ni el tiempo que se quedan entre sus familiares, pero lo que conocemos es que las tradiciones se mantienen junto a las costumbres del pueblo.













Comentarios