AHORADIGITAL.- El economista Fernando Romero evaluó los primeros 15 días del gobierno de Rodrigo Paz y señaló que, aunque hubo avances visibles como la reducción de filas en surtidores debido a la extensión de contratos de compra de crédito, aún no se han tomado medidas de fondo para estabilizar la economía explicando que los precios continúan elevados, la escasez de dólares persiste y la crisis interna entre el presidente y el vicepresidente Edmund Lara está debilitando la gobernanza y la credibilidad del nuevo gobierno considerando sin embargo, que es un escenario reversible si se recomponen las relaciones internas y se prioriza un objetivo común para enfrentar la crisis.
Romero resaltó que existen indicadores internacionales favorables que reflejan expectativas positivas hacia el cambio de administración y el modelo económico, pero advirtió que esa confianza puede deteriorarse rápidamente si el nuevo gobierno no avanza en decisiones estructurales recordando que lo construido en los últimos meses podría desmoronarse en poco tiempo si no se actúa con responsabilidad y coordinación política, e insistió en que es necesario acelerar la agenda económica para sostener el clima de estabilidad incipiente.
Respecto al anuncio oficial de que las medidas económicas más drásticas se conocerán recién en marzo, Romero cuestionó el plazo y lo calificó como excesivamente largo para la coyuntura actual y recordó que los discursos de campaña y del propio Gobierno sobre una solución en 100 días ya quedaron atrás y que existe ahora una aceptación explícita de que la crisis es estructural y profunda: “Una crisis estructural como la que vive Bolivia no va a ser resuelta en 100 días, ni siquiera en 6 meses. Nos va a tomar por lo menos dos años estabilizar la economía y tratar de que la misma salga de esta situación caótica en el tema financiero”, afirmó, subrayando que las decisiones no pueden postergarse hasta marzo.
El economista sostuvo que, más allá de los avances en abastecimiento de combustibles por compras anticipadas, no se han aplicado todavía medidas de shock y persisten temas pendientes como el ajuste fiscal y las reformas profundas que el país requiere y en su criterio, lo adecuado sería que las acciones estructurales comiencen dentro de los primeros tres meses de la gestión 2026, sin esperar a la presentación de un documento programático para ejecutarlas.
Romero también explicó que la economía boliviana reacciona con mucha sensibilidad a los movimientos políticos internos, y que la reciente tensión pública entre el presidente Rodrigo Paz y Edmand Lara podría generar consecuencias inmediatas en variables como el tipo de cambio, el riesgo país o la cotización de los bonos indicando que la confianza generada en estos primeros días —reflejada en la baja del riesgo país y la mejora de algunos indicadores financieros— podría revertirse ante señales de inestabilidad o fractura en el binomio presidencial.
Finalmente, consideró que es fundamental que las principales autoridades resuelvan sus diferencias para evitar un impacto en la gobernabilidad y en la percepción internacional. Advirtió que una ruptura abierta afectaría la credibilidad externa y la fortaleza económica lograda en estas primeras semanas. En ese sentido, recordó que la economía boliviana es volátil y altamente especulativa, y que un deterioro político interno “puede incidir no solamente de manera interna sino también fuera de las fronteras”, generando efectos negativos en un momento de fragilidad económica.
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