Ahoradigital – El sector panificador en Bolivia enfrenta una creciente presión por el encarecimiento de los insumos, la reducción de las ventas y la baja producción nacional de trigo, un escenario que vuelve a poner en debate el precio de uno de los alimentos básicos de la canasta familiar.
En Santa Cruz, los panificadores reportan incrementos de hasta el 40% en los costos de algunos insumos. René Panoso explicó que el quintal de harina que antes compraba a Bs 270 ahora cuesta alrededor de Bs 330, mientras que la manteca pasó de Bs 300 a Bs 420.
El aumento de los costos ya tiene consecuencias en la producción. Según Panoso, la elaboración de pan disminuyó aproximadamente un 20%, debido a las dificultades para mantener el ritmo de trabajo sin afectar la economía de los pequeños emprendimientos.
La situación también se refleja en los mercados, donde las comerciantes reportan menos compradores y familias que optan por llevar cantidades menores de pan a sus hogares. En algunos puestos de Santa Cruz, la unidad de pan, como la tradicional chama vallegrandina, se mantiene en Bs 2, aunque los vendedores advierten que las ventas han disminuido.
La Paz y Cochabamba debaten el precio
En La Paz, el precio del pan de batalla genera preocupación entre los consumidores. Según el reporte de Unitel, en sectores de la zona Sur se encuentran unidades a Bs 1, pese al anuncio gubernamental de mantener el precio de Bs 0,80.
Desde el sector panificador paceño, el dirigente Pedro Laruta sostuvo que los costos actuales hacen difícil continuar trabajando sin pérdidas y planteó que el precio debería llegar a Bs 1,70.
En Cochabamba, la Federación Departamental de Panificadores decidió esperar hasta el lunes 26 de octubre una nueva propuesta del Gobierno. Su dirigente, José Mamani, advirtió que, si no reciben una respuesta que consideren viable, convocarán a un ampliado para definir las próximas medidas.
Bolivia produce menos del 15% del trigo que necesita
A la presión sobre los costos se suma la dependencia de las importaciones. Jaime Hernández, gerente de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), informó que el consumo nacional alcanza unas 850.000 toneladas de trigo al año.
Sin embargo, durante la última campaña se sembraron poco más de 50.000 hectáreas, que permitieron obtener una producción cercana a las 90.000 toneladas. Ese volumen no alcanza a cubrir el 15% de la demanda nacional, según el ejecutivo.
Ante este panorama, Anapo insiste en la necesidad de impulsar un plan nacional de apoyo a la producción triguera, con medidas que incluyan investigación, transferencia de tecnología y mejores condiciones para los productores.
El escenario plantea un desafío para el abastecimiento de harina y la estabilidad del precio del pan. Mientras los panificadores buscan cubrir sus costos y los consumidores reducen sus compras, la baja producción nacional de trigo mantiene al país expuesto a la dependencia externa.
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