El precio internacional del petróleo registró una fuerte caída este lunes, impulsado por las expectativas de que Estados Unidos e Irán puedan alcanzar un acuerdo para poner fin al conflicto en Oriente Medio. Pese al descenso, el crudo europeo todavía supera los 100 dólares por barril, mientras que el estadounidense cayó por debajo de esa barrera.
Según la agencia EFE, el petróleo de Texas, conocido como WTI, bajó un 7,3% y cerró en 96,46 dólares por barril. Los contratos de futuros para entrega en diciembre registraron una reducción de 7,66 dólares respecto al cierre anterior.
Por su parte, el Brent, referencia internacional del mercado petrolero, también experimentó una caída superior al 7%, hasta situarse alrededor de los 105 dólares por barril.
Las señales diplomáticas influyen en el mercado
La caída se produjo después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, manifestara que Irán quiere alcanzar un acuerdo y que esa posibilidad podría concretarse.
Además, continúan las conversaciones indirectas entre Washington y Teherán, con la mediación de Catar. Entre los asuntos abordados figura un plan para reabrir el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el transporte mundial de petróleo.
La normalización del tránsito por ese paso marítimo podría reducir los temores sobre posibles interrupciones en el suministro energético internacional.
El mercado había acumulado importantes incrementos durante octubre debido a la escalada del conflicto en Oriente Medio. El petróleo de Texas cerró ese mes con un aumento del 13,76%, impulsado principalmente por la incertidumbre geopolítica.
La caída no significa que la crisis haya terminado
Pese al retroceso de las cotizaciones, todavía no existe una solución concreta al conflicto. Las negociaciones continúan y persisten los riesgos para el transporte marítimo y el abastecimiento energético.
Por ello, los analistas advierten que los precios podrían mantenerse volátiles mientras no se alcancen compromisos efectivos entre ambos países.
La evolución del petróleo también es relevante para las economías que importan combustibles, como Bolivia, debido a su relación con los costos internacionales de los hidrocarburos y las presiones sobre las cuentas fiscales. Sin embargo, una caída en el precio internacional no se traduce automáticamente en una reducción inmediata del costo de los combustibles importados.
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